Confianzas y lealtades


La historia muestra que la organización política de toda comunidad humana se cristaliza en algún lugar entre dos formas extremas que funcionan bien cuando están equilibradas. Como en la báscula sutil de la justicia, los pequeños sesgos sin contrapesos (siendo desatendidos) bastan para acarrear, tarde o temprano, hacia la anarquía caótica o a la tiranía dictatorial. En la complacencia de las distracciones cotidianas se pierde la noción del rumbo, hasta que un buen día se despierta demasiado tarde, con la balanza desecha.

En ese vaivén, por un lado está el mando autoritario cuajado mediante la subordinación de cada voluntad individual hacia una jerarquía vertical en la “escalera del control”, donde cada peldaño marca el dominio hacia el de abajo y el sometimiento hacia el de arriba. Así se forjan las instituciones con su indispensable unidad de mando y dirección.

Por el otro extremo, se entretejen las relaciones laterales de enlaces vecinales y familiares, vinculaciones emotivas, compañerismos, envidias, redes sociales, conspiraciones y los nexos económicos (cooperativos y competitivos) del mercado.

A lo largo de nuestras vidas, a diario nos encontramos situaciones que varían con matices de ambos extremos. Surgen de los pequeños ajustes en la reciprocidad dada entre las relaciones humanas y tienen que ver con la mayor o menor maduración de las personas, su circunstancia y los usos y abusos entre ellas; incluyendo también las apáticas negligencias que provocan el malestar, la enfermedad y la muerte ajena.

En su centro, el tejido social está hecho de confianza y lealtad; en sus extremos reinan el miedo y la violencia. Los tonos de sus hebras se definen por la distribución del grado de oportunidad, libertad y seguridad de vida y propiedad para cada quien. Así como el gran árbol frondoso está bien enraizado, la fibra vertical de las instituciones humanas también se cimienta en la salud y fortaleza horizontal de los nexos sociales.

Recientemente se ha publicado una encuesta nacional sobre la opinión que rige en el país sobre nuestra democracia y el funcionamiento de sus instituciones. Al ser comparados los resultados actuales con aquéllos obtenidos de otra efectuada el año pasado, señala que aumentó la insatisfacción ciudadana con la situación política y la confianza en las instituciones democráticas se ha visto preocupantemente muy erosionada. Y otra vez siguen en los más bajos niveles los representantes legislativos y los partidos de donde éstos emanan. Mismos que se supone son los más cercanos a los ciudadanos que los eligen.

Desde que se pronunció el maleficio a las instituciones públicas enviándolas al diablo, el hechizo no se ha estado cumpliendo por su propia inercia, sino por la complacencia de muchos, la negligencia de algunos y la maldad patente de otros cuantos. Lo peor que nos pudiera pasar es que, con el desgajamiento vertical, coincida la pérdida de la confianza en la convivencia horizontal.

Los tiempos nos empiezan a exigir, a cada quien, generar las motivaciones, disciplinas, habilidades y voluntades para mantener sano nuestro encuentro cotidiano en los espacios públicos; las plazas, las calles, las banquetas y los parques. Allí donde está la esencia del pacto social, cuya sangre y estirpe son la confianza y lealtad que asumimos al tropezarnos los unos con los otros mientras cada quien ejerce su vida cotidiana. Además de encuestar sobre las instituciones, necesitamos saber también cómo vamos entre nosotros; ¿cuánta confianza nos tenemos? ¿Hasta dónde llegan nuestras lealtades?

NORBERTO ÁLVAREZ ROMO / Presidente de Ecometrópolis, A.C.
Correo electrónico: nar@megared.net.mx
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