Con dedicatoria

Elevar la mira, es una frase que describe el imperativo político de Jalisco en los últimos años. La definición de objetivos claros respaldados por la mayoría, es una tarea prioritaria que corresponde a los líderes reales y formales de la comunidad. Ésa es quizá la labor más descuidada, tanto a nivel nacional como local, lo que produce la sensación de que avanzamos, pero sin la certeza de saber a dónde vamos.

La cortedad de visión produce acciones de reacción inmediata, programas que parecen parchar problemas mayores, convierten la agenda informativa en un catálogo de trivialidades centradas en lo espectacular, que deja de lado lo trascendente.

Viene al caso recordar que la tarea de planear el futuro de la sociedad es una labor que está por encima de las diferencias coyunturales, y que en la formación de estas imágenes de lo que queremos para nuestros hijos y nietos, así como en la fuerza que tengamos para hacerlas realidad juntos, radica la verdadera vitalidad de nuestra sociedad. Los grandes proyectos son producto de estas miradas puestas en el horizonte, con tal altura que alcanzan a imaginar cómo se hacen realidad los sueños.

La discusión del futuro de nuestra ciudad pasa por compartir entre todos un proyecto de comunidad, en donde quepa el proyecto de vida de las próximas generaciones. Las acciones encaminadas al fortalecimiento de la vivienda en Guadalajara, la movilidad en la ciudad, las acciones urbanísticas relacionadas con los Juegos Panamericanos y los proyectos privados deben articularse armónicamente. Esto no significa simplemente la imposición de normas por parte de las autoridades, o la realización de proyectos vinculados a intereses específicos, sino la creación de un espacio común que promueva el crecimiento, la formación de riqueza y la calidad de vida para todos. En el hecho de que este espacio común tenga la capacidad de incluir beneficios para todos, está la clave la gobernabilidad y del verdadero respaldo social a las acciones públicas. Ésta es la clave de la comunicación de la cosa pública, cuando se tiene la capacidad de mirar lejos.

Ahora hay una oportunidad abierta para los líderes, de los municipios, del Estado y del país, para actuar en de forma coordinada en nuestra ciudad. La aparente dificultad por los distintos colores partidistas se convierte en posibilidad de demostrar que hay la voluntad de construir juntos resultados positivos, que eleven la calidad de la discusión y la acción pública. Es la hora de que las acciones de Emilio González Márquez, de Aristóteles Sandoval, de Héctor Vielma, de Miguel Castro, de Antonio Mateos y de Enrique Alfaro sean capaces de encontrar puntos de acuerdo que produzcan una idea clara del rumbo a seguir. Porque definir las coordenadas del destino requiere de acuerdos en la diversidad, para que las diferencias se concentren en la forma de conseguir los objetivos. La consolidación de nuestra democracia implica más participación ciudadana fundada en la confianza que generen las autoridades.
Es hora de colocar y mantener en la agenda estos temas trascendentes, porque como decía Winston Churchill: “El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones, y no en las próximas elecciones”. En Jalisco necesitamos estadistas.

LUIS SALOMÓN / Doctor en Derecho.
Correo electrónico: luisernestosalomon@gmail.com
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