Compran, firman, agonizan


Que la banca nacional una vez que se privatizara, iba a proporcionar mejores servicios e intereses más bajos, fue lo ofrecido; la realidad, muy distinta para los usuarios de servicios bancarios de este país, según lo expresó la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef). Y señaló que en México, más de 60% de los 24.1 millones de usuarios de tarjetas de crédito, después de sus compras, sólo pueden pagar las cuotas mínimas, con lo que les es aplicada una tasa de interés que puede ir, dependiendo de la tarjeta y del banco, desde 28%, hasta cerca de 100%... Deuda que se eleva a niveles que ya el usuario, en la ilusión de la compra momentánea, se ve en la imposibilidad de pagar.

Y los cálculos de la Condusef dan una voz de alerta, no sólo a los bancos, los que en uso y abuso del crédito han rebasado los niveles de prudencia, sino a los usuarios, que en montos importantes utilizan sus tarjetas de crédito en víveres, alimentación pagada con intereses impagables, espiral que daña la economía de millones de familias, endeudamiento que lastima, uso de tarjetas que no se pueden liquidar en montos totales, lo que genera la necesidad de seguir usando la tarjeta para cubrir otros indispensables, círculo que atrapa la vida personal y, aún más, el patrimonio familiar.

La Condusef, preocupada por la poca regulación del Estado y el alegre dar de los bancos, expone un ejemplo nítido: una persona adquiere un aparato electrodoméstico pagando con tarjeta de crédito; el banco le cobra 360 pesos más IVA por este servicio, agregando un pago de 3% de la deuda total, luego se suman los intereses, y si el pago se retrasa y el plazo de pago se amplía, la cantidad a pagar en “cómodas” mensualidades podría llegar hasta a ocho o 10 veces la cantidad que el electrodoméstico costó. Y si hay quienes sostienen que durante esos años el aparato prestó útiles servicios, habría que recordar que a estos intereses se suman los de otros bienes comprados de la misma forma, con lo que los ingresos quedan evaporados en el pago de mínimos a la eternidad.

A la cultura del consumismo y la insistencia de los bancos ofreciendo créditos a diestra y siniestra, hay que agregar la cada vez más evidente inflación, compra artificial que se ha vuelto sobrevivencia, con lo que el uso de tarjetas es, al final, una aterradora invitación a un viaje sin retorno donde la vida no alcanza para pagar las deudas y los ingresos familiares tampoco.

El dato final, más alarmante: cada tarjeta tiene un crédito promedio de 28 mil pesos, 2.3 veces un salario medio; si se multiplica este crédito por 1.4 tarjetas que en promedio tiene cada usuario, la deuda sube a 42 mil pesos, pero la Condusef manifiesta que hay quienes tienen entre tres y 12 tarjetas, multiplicación de cadenas de una moderna esclavitud, descuido peligroso de quienes tienen en sus manos la regulación del crédito; una ilusoria mortal para quienes compran, firman, luego agonizan en una muerte sin fin.

LOURDES BUENO / Investigadora de la UdeG.
Correo electrónico: lourdesbueno03@yahoo.com.mx
Sigue navegando