Cayó la inversión extranjera en los meses de enero a marzo y, era de esperarse; por un lado, la desaceleración de la economía estadounidense, pero por el otro, la creciente violencia desatada en México: secuestros y narcoviolencia; terreno abonado no sólo para que no llegue inversión extranjera, sino que se retire la actual, y todo porque al narcotráfico se le ha dado una embestida en su terreno, en lugar de dar batalla en el terreno del enemigo, en lugar de sacar al enemigo de “su” terreno para atraerlo a uno donde el enemigo estaría en —cierta— desventaja, porque otras fuerzas y otras estrategias se dan, como es el caso de la batida —inteligente —que el Gobierno de España y de Francia han dado a la parte violenta de ETA; lucha donde esos gobiernos cuidan el Estado de derecho no sacando al Ejército a las calles, pero sí eficientando unidades de inteligencia para ofrecer, ellos sí, resultados positivos, muy diferente a los que se da en México, con el dolor de la pérdida de vidas de policías y, sobre todo, de civiles.
La inversión extranjera bajó y muchas ciudades quedaron en medio de esta guerra sin cuartel, que se da con demasiada violencia y tan poca inteligencia; escopetazos que son regresados a la población civil con mayor virulencia, dejando amplias regiones del país a merced de esta cruenta lucha que escala violencia.
Se han tendido algunos buenos resultados que se aplauden; pero el costo resulta muy alto: se ha elevado la inseguridad ciudadana, han bajado las actividades productivas, tanto en horarios como en rendimiento; se ha frenado y, en algunos sitios, cancelado la actividad turística; en regiones de Sinaloa, la actividad laboral cesa a muy tempranas horas de la tarde, la actividad cultural se ha cancelado y la vida social se reduce a la que ocurre dentro de los hogares, lo que deja a poblaciones sin libertad, mientras los delincuentes toman posesión, como en amplias zonas de Durango, Sinaloa, Chihuahua, Baja California, Michoacán y Guerrero.
Pero militarizar al país no es la solución; hasta ahora el Ejército Mexicano ha hecho un gran papel; el Plan DN3 de apoyo a poblaciones en momentos de desastre, es uno de los mejores a nivel mundial; sus miembros han estado hasta hoy comprometidos a su tarea, pero dejarlos en las calles, en contacto a la par con narcotraficantes y con civiles, puede, como ha sido el caso, lesionar los derechos humanos de los civiles y contaminarse con los grupos del narcotráfico.
Santiago Vasconcelos, subprocurador Jurídico y de Asuntos Internacionales de la Procuraduría General, señaló que el narco se nutre con más de 10 mil millones de dólares al año, es decir, que en dinero es difícil ganarle, en sofisticación y utilización de armamento también, lo que quiere decir que al Gobierno sólo le queda: la utilización de la inteligencia, área que no ha sido bien utilizada y que en el sexenio anterior, Fox desmanteló.
Aún así, es necesario buscar que se revierta la lucha, por ello, en este sexenio debe crearse un terreno donde las inteligencias operen a la manera de la lucha contra ETA que España y Francia están realizando, para regresar seguridad, economía y Estado de derecho a este país.
LOURDES BUENO / Investigadora de la UdeG.
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