Circo

ENTRE VERAS Y BROMAS                

La referencia es inevitable: la ocurrencia de desviar 90 millones de pesos de las arcas públicas a la construcción del Santuario de los Mártires, llevaba una doble intención: por una parte —“secundum Lucas”—, fomentar el turismo religioso, con la consiguiente creación de empleos y subempleos; por la otra, ganar simpatías para ulteriores propósitos electoreros, a partir de la premisa —fallida, como luego se vería— de la supuesta popularidad de la iniciativa...

Cuando el tormentoso episodio quedó epilogado, gracias a la sensata decisión del cardenal Juan Sandoval, de devolver ese dinero a su legítimo propietario (el pueblo), del aparentemente inagotable manantial de ocurrencias oficiales, brotó la siguiente: “Promover la realización de eventos de talla internacional en Guadalajara y otras poblaciones de Jalisco”. Paradójicamente, el día que se hizo ese anuncio, también se supo que Guadalajara había perdido ante Ljubljana la carrera por el título de “Capital Mundial del Libro”. (Escandalosa injusticia, por cierto: en Guadalajara es brutalmente mayor que en la capital de Eslovenia el consumo “per cápita” de “libro”, como puede comprobarse todas las mañanas en cualquier menudería de barrio).

—II—

El caso es que el dichoso “Consejo de Fomento a Grandes Eventos” ya se puso en operación. Lo que sigue es ampliar la lista inicial de los llamados “sueños del gobernador”, entre los que se contaban los premios MTV, Grammy Latinos y Globo de Oro Mundial; el certamen de Miss Universo (u otra cualquiera de las ferias mundiales del taco de ojo), y diversos eventos deportivos: desde torneos de golf  hasta algún premio automovilístico de Fórmula Uno, pasando por campeonatos de tenis y hasta partidos aislados de la NBA (basquetbol), de la NFL (futbol americano), etc.

—III—

Como puede verse, en Jalisco no nos amilanan los fracasos. Proyectos fallidos —hasta ahora, al menos— como el Museo Guggenheim y otros que se quedaron muy por debajo de las expectativas iniciales (los Arcos del Milenio, la Plaza Tapatía, etc.), lejos de desanimarnos, nos estimulan.

Y como puede verse, también, los gobernantes siguen sin aprender que “nadie tiene derecho a lo superfluo mientras alguien carezca de lo estricto”... Y, sobre todo, suponen que el pueblo es feliz si tiene circo... aunque no tenga pan.
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