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Los datos dados por el Gobierno a través del Sistema para las Adicciones y la Asociación de Psiquiatría muestran claramente que el consumo de drogas en México no ha aumentado significativamente ya que el crecimiento en los últimos años es de apenas 25 mil nuevos adictos al año. Por lo tanto el problema no es como lo quiso proyectar el Presidente al declarar la guerra al narcotráfico. Seguimos siendo un país de trasiego de mercancía a otras naciones. No de grandes consumidores.

La guerra contra las drogas es una política fallida que ha perjudicado a muchas más personas de las que ha protegido. La cruzada antidroga pasará a la historia como uno de los mayores disparates de la edad moderna. Nadie ha creído jamás que el consumo ilegal de drogas se pudiera erradicar, pero estaba el punto de vista defendible según el cual la prohibición podía prevenir más daño del que causaba. El consumo de drogas no es un acto privado sin consecuencias para los demás; incluso cuando es legal supone unos costos, médicos y de otro tipo, para la sociedad.

Estos peligros no han desaparecido, pero el hecho es que los costos de la prohibición de las drogas superan, con mucho, cualquier posible beneficio que pueda acarrear la política. Ha llegado la hora de cambiar radicalmente la política. La legalización a gran escala, con una intervención del Estado dirigida a regular la calidad y proporcionar educación sobre los riesgos del consumo de drogas. No es fácil comprobar la calidad de las drogas ilegales, y la toxicidad y la sobredosis son riegos constantes. Cuando la droga se inyecta, está en peligro de contagiarse con hepatitis y VIH. Una vez más la criminalización de determinadas drogas, mientras se permite el libre mercado de otras, se distrae la atención de las que son legales y nocivas, como el alcohol.

Hay que sacar de las tinieblas y regular toda la cadena de producción y distribución. Tal vez cada droga requiera de un tipo de regulación diferente, y es posible que la legalización funcione mejor si en cada país se gestiona de forma ligeramente distinta.

El “New York Times” publicó este lunes que desde la semana pasada el Departamento de Justicia anunció que no perseguirá el consumo de mariguana y la plantación casera de ésta en los 19 Estados donde está permitido consumirla con tan sólo una receta medica. Mas de 60% de la mariguana que se consume en la Unión Americana se produce dentro de sus fronteras, sobre todo en sus parques nacionales, donde las labores de erradicación hace tiempo que han sido abandonadas.

Se está gastando un dineral en una guerra que nunca tendrá fin. Por qué mejor no destinar esas fortunas a construir centros de rehabilitación de primer mundo; no albergues sin la más mínima noción de lo que la adicción conlleva. Y por supuesto, no todas las drogas tendrían el mismo trato de liberación o despenalización.
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