La gobernabilidad metropolitana reside en las capacidades de relacionarse entre los gobiernos, el sector empresarial y la sociedad civil organizada. Al prerrequisito le llaman gobernanza: a una manera de regirse una sociedad que se propone como objetivo el arte de una vida social equilibrada con un futuro sostenible, duradero, feliz. Es el logro de una sociedad que se esfuerza por gobernarse a sí misma; una sociedad que se autogobierna organizándose a su mejor manera y entender para proveerse de la convivencia y los bienes y servicios que más necesita o desea.
Ahora que la política se halla tan desprestigiada es cuando resulta más necesaria que nunca, especialmente si vemos más allá de los procesos electorales. Al no estar la política a la altura que los tiempos demandan para nuestra ciudad metropolitana, se empieza a hablar más de gobernanza y gobernabilidad y menos de Gobierno o gobernación. Porque ya queda claro que los desafíos de hoy no pueden responderse desde cómo aquí se ha venido acostumbrando a ser gobernante.
Para los gobiernos democráticos, la gobernanza es la condición previa para la gobernabilidad; algo que paradójicamente choca frontalmente con nuestros políticos, igual para todos los colores partidistas, por su terquedad de mantenerse enraizados en el anterior estilo de Gobierno. Es importante no confundir que una cosa es querer gobernar sobre otros y otra cosa es aquello que una sociedad requiere para satisfacer sus deseos y resolver sus problemas. Aquí, casi nunca coinciden. La gobernanza, entonces, se da en el grado de aceptación y complicidad que una comunidad acuerde vivir, formal o informalmente. Con, sin, o a pesar de sus gobernantes.
En Guadalajara tenemos un caso exitoso y sobresaliente en la colonia Chapalita, cuya comunidad ha mantenido una fuerte participación en las mejoras urbanas y el buen mantenimiento de sus espacios y servicios públicos. Desde los años cuarenta representa el mejor ejemplo de gobernanza y administración local de toda la región metropolitana. Sin habérsele llamado así, su medio siglo de experiencia es invaluable para ser compartida con otras colonias, otros barrios, otras ciudades.
Buscar la excelencia en la prestación de servicios es un buen paso, pero no es suficiente. Una calle limpia es el fruto no sólo de los servicios de limpieza, sino sobre todo del comportamiento de los ciudadanos. La gobernanza toma una perspectiva más entera que el Gobierno, incorporando a los diferentes actores locales y centrándose en su contribución a la mejora de las prácticas civiles.
Lamentablemente, por el desinterés de los políticos no se le da la importancia suficiente a la calidad de los servicios y espacios públicos; de ello se deriva el descontento y la apatía de los ciudadanos. Por otra parte, los ciudadanos participan pobremente en los procesos de sus juntas de colonos.
Claramente no nos funciona enfrentar nuestros desafíos y problemas de hoy con las habilidades políticas rezagadas de los otros tiempos. Necesitamos innovar instituciones y renovar políticos. La gobernabilidad que requiere la ciudad de hoy no vendrá de las ideas, las formas, las capacidades y las personas del ayer. Para que todos estos cambios se produzcan, lo que sí necesitamos es política pública con proyección al mañana. Una aptitud, al parecer, escasa aquí.
NORBERTO ÁLVAREZ ROMO / Presidente de Ecometrópolis, A.C.
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