Agenda de la cultura

ARENGAS DE ANTAÑO: Escuchar a los políticos de hoy, me hace echar de menos la vieja retórica del antiguo régimen. Aquellas fórmulas tan lúcidas que solían emplear los líderes, gobernantes y su séquito de “jilgueros” oficiales, que entonaban loas a la revolución y a sus próceres; oradores entre los cuales existían verdaderos crisóstomos que embellecían sus peroratas de tal guisa que alcanzaban alturas épicas y eran capaces, cual dijera el vate de Jerez, de “cortar a la epopeya un gajo”. Desde luego que todo aquello constituía, ordinariamente, solemne cascajo verbal, cháchara óptimamente vacía y demagogia quintaesenciada, pero que poseía la virtud de ser divertido, de oírse bien y hasta de hacer sonar honesto lo hipócritamente falso.

FRASES ETERNAS: Recuerdo que aquellos discursos estaban generalmente jalonados con frases excelsas y retruécanos ingeniosos que eran recogidos, como oro en paño, por los medios informativos para encabezar casi a diario, las primeras planas de todos los periódicos del país (incluyendo éste), pues constituían divisas de un Gobierno, faros que iluminaban los sexenios, axiomas dignos de ser fundidos en bronce perenne. Algunas eran llanas e inteligibles; otras, alegóricas, colmadas de retruécanos y trazos verbales caprichosos, semejantes a esos caligramas orientales cuyo significado, aunque se ignora, llaman la atención por su elegancia; pero en ambos casos, como digo, eran frases esencialmente vagas, ayunas de contenido o apartadas totalmente de la realidad.

DISCURSOS DE AHORA: Mas hoy, con la emergencia de nuevos regímenes, partidos y clases políticas, que han instaurado una sinuosa democracia que repta trabajosamente, cargando y replicando vicios, estragos y corrupciones de aquella dictadura perfecta, ciertamente ya hemos dejado de escuchar la bombástica perorata revolucionaria, pero ésta de ninguna manera ha sido substituida por otra galana, y mucho menos coherente, prédica política. De presidentes para abajo, casi nadie es capaz de ordenar el esqueleto de una alocución aceptable, ni siquiera en sus elementales formas gramaticales; parece ser que entre quienes tienen hoy el poder, se concursa para ver cuál demuestra mayor desprecio por la cultura, quién tropieza más con el lenguaje, cuál cae en los más risibles lapsos, quién ostenta máxima ignorancia o zafiedad; y en cuanto a la pobreza de raciocinio, eso lo prueban a diario quienes andan enfrascados en campañas electorales, cuya argumentación se reduce a diatribas, chocarrerías, denuncias y amenazas mutuas. Que Dios los perdone.

JOSÉ LUIS MEZA INDA / Escritor.
Correo electrónico: meza_inda@hotmail.com
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