MICROHISTORIAS: Con afanes semejantes a los del inolvidable doctor Salvador Lazcano o el también médico escritor don Trinidad González Gutiérrez, por rehacer desmenuzadas crónicas de vecindarios tapatíos de antaño, asomándose indiscretos a mirar, e invitando a hacerlo a los lectores, a través del ojo de la cerradura de cada casa para espiar quiénes, cuándo, dónde y qué solían hacer sus inquilinos, tarea atrayente y gustosa que apela a la humana inclinación al fisgoneo; hoy, el ingeniero Javier Hernández Larrañaga, arcaico vecino de una zona urbana situada entre San Miguel y Santa Tere, se dio a la benedictina labor de levantar un memorioso censo, apoyado en la capacidad evocativa de otros veteranos moradores colindantes, para componer así unos amenísimos anales sobre la vida y milagros de ese extinto microcosmos de mediados del siglo pasado.
“UNA VEZ, UN BARRIO…”: Tal es el título de esta densa obra inquisitoria apoyada por el Seminario de Cultura Mexicana, Corresponsalía Guadalajara, y elaborada por Impre-Jal, que a lo largo de casi 400 páginas tamaño “in folio”, sostiene la atención de los píos lectores, que no deben de ser únicamente aquéllos de una manera u otra involucrados en ella por lazos familiares o de ubicación, sino también de otros prehistóricos tapatíos como este servidor, sobrevivientes de aquellas batallas perdidas de antemano contra el tiempo, pero que “mutatis mutandis”, a través de estos relatos podemos transitar por paralelas vías nostálgicas y evocar similares personajes con los cuales convivimos en las tranquilas barriadas guadalajarenses que envolvieran nuestra niñez y juventud divino tesoro.
CONTENIDO MEDULAR: Mas en mi opinión, un libro coral como éste no sólo vale por su capacidad para desenterrar fantasmas, reconstruir sucesos o describir antañones e irrecuperables espacios, sino también es apreciable por la solvencia de su composición, fluidez de sus entrevistas, salero de sus descripciones, naturalidad del estilo coloquial de todos los relatores que urdieron tan extenso tejido de tan brillante colorido, para mostrarnos cómo fue aquel mundo extinto, cuáles el porte físico y el talante moral de protagonistas y comparsas que lo poblaron, todo lo cual viene, en suma, a constituir una síntesis cabal de luminosos goces y umbríos dolores, de entreveramientos vecinales y tensiones familiares; en fin, de todas esas facetas del ser y quehacer cotidianos que integran, en substancia, la verdad y misterio del alma humana.
JOSÉ LUIS MEZA INDA / Escritor.
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