¿Cómo obtuvo el “call center” los números telefónicos, incluyendo celulares, de los cientos de miles de mexicanos que recibieron el mensaje de Felipe Calderón, muchos de ellos a deshoras de la noche? Ésta es una pregunta que inquieta a la ciudadanía la que, protestas de por medio, sintió agredida su privacidad con la utilización de sus datos personales, sin que mediara permiso de su parte. A este respecto, la utilización de información personal, ya hay protección de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) para que las ventas no se hagan llamando a los teléfonos privados; lo grave es que los mensajes del Ejecutivo, al no ser la venta directa, sino “indirecta”, no cae dentro de esta protección.
Y el tema resulta espinoso cuando se recuerda la iniciativa del Ejecutivo para crear una cédula de identidad que incluya información con medidas biométricas de cada mexicano, datos totalmente confidenciales, más allá de los números telefónicos, de los que no se sabe qué uso podrían tener… igual, y de seguir así las cosas, pudieran ser utilizadas por el político en turno para su futura campaña o, quizá, dados para otros propósitos de los que los ciudadanos no estén alerta, pero que pueden ocasionar una vulnerabilidad de proporciones mayores.
Es por ello que lo expresado por el ombudsman Emilio Álvarez Icaza, presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, toma relevancia: “No se entiende la pertinencia de incorporar tantas medidas biométricas en un instrumento de identidad”. Y no se puede más de acuerdo con este señalamiento, visto el manejo que de la privacidad de los mexicanos se ha hecho en varias ocasiones. Baste recordar la base de datos con información privada de los mexicanos que fue vendida a empresas estadounidenses, en un pasado reciente.
Porque lo que hasta ahora se ha atestiguado, es que no hay garantías de que la información privada de la ciudadanía se manejará, en un futuro, de manera distinta a como se ha hecho en el presente y en el pasado; porque no se confía que la información requerida para la nueva cédula de identidad vaya a tener un manejo escrupuloso y reservado en beneficio de los propios mexicanos y que no sea utilizada, como expresan varios académicos, “como un mecanismo de control del Estado”, o peor aún, con una discrecionalidad comercial o política.
Porque el que en la cédula de identidad estén incluidas, no sólo las huellas dactilares, sino hasta el iris de cada ciudadano, no querría decir que los ojos mexicanos, al final parientes de los tapatíos, por su belleza deban de ser admirados por todos, como forma de identidad, y sí, en cambio, es una información que no debe estar sujeta a la voluntad del sexenio en turno.
Porque como señala Álvarez Icaza: “Francamente suena desproporcionado para un instrumento de identificación de las personas; para eso ya existe la credencial de elector (…) quizá lo que haga falta es convertir al Registro Federal de Electores en un organismo autónomo desligado del Instituto Federal Electoral (IFE)”; Y, habiendo recibido las llamadas del “call center” del Ejecutivo, no se puede más que estar de acuerdo con el ombusdman.
LOURDES BUENO / Investigadora de la UdeG.
Correo electrónico: lourdesbueno03@yahoo.com.mx
Y el tema resulta espinoso cuando se recuerda la iniciativa del Ejecutivo para crear una cédula de identidad que incluya información con medidas biométricas de cada mexicano, datos totalmente confidenciales, más allá de los números telefónicos, de los que no se sabe qué uso podrían tener… igual, y de seguir así las cosas, pudieran ser utilizadas por el político en turno para su futura campaña o, quizá, dados para otros propósitos de los que los ciudadanos no estén alerta, pero que pueden ocasionar una vulnerabilidad de proporciones mayores.
Es por ello que lo expresado por el ombudsman Emilio Álvarez Icaza, presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, toma relevancia: “No se entiende la pertinencia de incorporar tantas medidas biométricas en un instrumento de identidad”. Y no se puede más de acuerdo con este señalamiento, visto el manejo que de la privacidad de los mexicanos se ha hecho en varias ocasiones. Baste recordar la base de datos con información privada de los mexicanos que fue vendida a empresas estadounidenses, en un pasado reciente.
Porque lo que hasta ahora se ha atestiguado, es que no hay garantías de que la información privada de la ciudadanía se manejará, en un futuro, de manera distinta a como se ha hecho en el presente y en el pasado; porque no se confía que la información requerida para la nueva cédula de identidad vaya a tener un manejo escrupuloso y reservado en beneficio de los propios mexicanos y que no sea utilizada, como expresan varios académicos, “como un mecanismo de control del Estado”, o peor aún, con una discrecionalidad comercial o política.
Porque el que en la cédula de identidad estén incluidas, no sólo las huellas dactilares, sino hasta el iris de cada ciudadano, no querría decir que los ojos mexicanos, al final parientes de los tapatíos, por su belleza deban de ser admirados por todos, como forma de identidad, y sí, en cambio, es una información que no debe estar sujeta a la voluntad del sexenio en turno.
Porque como señala Álvarez Icaza: “Francamente suena desproporcionado para un instrumento de identificación de las personas; para eso ya existe la credencial de elector (…) quizá lo que haga falta es convertir al Registro Federal de Electores en un organismo autónomo desligado del Instituto Federal Electoral (IFE)”; Y, habiendo recibido las llamadas del “call center” del Ejecutivo, no se puede más que estar de acuerdo con el ombusdman.
LOURDES BUENO / Investigadora de la UdeG.
Correo electrónico: lourdesbueno03@yahoo.com.mx