México tiene prisa
A la luz de los hechos contemporáneos, comparto con ustedes una reflexión que recientemente obtuve a través de un cercano intercambio de opiniones con la primera mujer mexicana que arribó a la punta del Everest, Karla Wheelock Aguayo, haciendo votos porque sea útil a quienes les corresponda:
“El fracaso sabe a humanidad, recuerda nuestra enorme capacidad para errar, casi natural; existe un rechazo al fracaso porque son marcas negativas dentro de nuestro status quo; son las señales que te alejan del éxito, socialmente conceptualizado, no quieres habitar ese escenario obscuro, te quieres ver en el lado brillante del triunfo.
La reacción primaria es negar el fracaso, la culpa por lo general es de otros, uno llega ahí por mera casualidad, por accidente, lo importante es resolver, y no inculpar.
Los defectos, aquellos que conducen al fracaso, son áreas de oportunidad, se vale equivocarnos, pero hay que aprender de los errores, no repetirlos. Hay que aceptar tranquilamente que es de humanos errar, y que siempre habrá errores sin estrenar; es importante saber perdonar nuestros fracasos, así sabremos comprender y perdonar los de los otros.
Las personas de éxito no son las que nunca fracasaron, sino las que aprendieron de sus errores, y volvieron a intentar una y otra vez”.
Adicionalmente, va una historia que a todos nos puede pasar, y que interesantemente narra la alpinista Karla Wheelock:
“Cuenta una historia, sobre el caso de cuatro personajes que se llamaban Todo el Mundo, Alguien, Cualquiera y Nadie… cierta vez había que hacer una tarea importante, todo el mundo estaba seguro de que alguien lo haría, alguien se enfadó porque era tarea de todo el mundo y todo el mundo pensó que cualquiera podía hacerlo y que alguien lo haría, pero nadie se dio cuenta de que todo el mundo creyó que alguien lo haría… a fin de cuentas, todo el mundo culpó a alguien, porque nadie hizo lo que cualquiera hubiera podido hacer…”
Recordemos que sólo Dios es absoluto, ni los vencedores ganan todo, ni los perdedores pierden todo… la sociedad da y quita oportunidades, lo que importa es el aprendizaje y la actitud para enfrentar el futuro, pero de cara a la sociedad y para el bienestar de ella misma.
Reitero, solamente los que tenemos actitudes de aprendizaje ante las adversidades y tenemos la férrea voluntad de salir adelante, aprendemos la lección y reemprendemos el vuelo con mayor altitud de miras en beneficio de todos, porque no olvidemos que México tiene prisa por una sociedad más responsable y humilde ante los éxitos o adversidades, en la firme esperanza de que lo mejor está por venir.
RAÚL ALEJANDRO PADILLA OROZCO / Representante ciudadano y empresario.
Correo electrónico: rapo@rapo.com.mx
A la luz de los hechos contemporáneos, comparto con ustedes una reflexión que recientemente obtuve a través de un cercano intercambio de opiniones con la primera mujer mexicana que arribó a la punta del Everest, Karla Wheelock Aguayo, haciendo votos porque sea útil a quienes les corresponda:
“El fracaso sabe a humanidad, recuerda nuestra enorme capacidad para errar, casi natural; existe un rechazo al fracaso porque son marcas negativas dentro de nuestro status quo; son las señales que te alejan del éxito, socialmente conceptualizado, no quieres habitar ese escenario obscuro, te quieres ver en el lado brillante del triunfo.
La reacción primaria es negar el fracaso, la culpa por lo general es de otros, uno llega ahí por mera casualidad, por accidente, lo importante es resolver, y no inculpar.
Los defectos, aquellos que conducen al fracaso, son áreas de oportunidad, se vale equivocarnos, pero hay que aprender de los errores, no repetirlos. Hay que aceptar tranquilamente que es de humanos errar, y que siempre habrá errores sin estrenar; es importante saber perdonar nuestros fracasos, así sabremos comprender y perdonar los de los otros.
Las personas de éxito no son las que nunca fracasaron, sino las que aprendieron de sus errores, y volvieron a intentar una y otra vez”.
Adicionalmente, va una historia que a todos nos puede pasar, y que interesantemente narra la alpinista Karla Wheelock:
“Cuenta una historia, sobre el caso de cuatro personajes que se llamaban Todo el Mundo, Alguien, Cualquiera y Nadie… cierta vez había que hacer una tarea importante, todo el mundo estaba seguro de que alguien lo haría, alguien se enfadó porque era tarea de todo el mundo y todo el mundo pensó que cualquiera podía hacerlo y que alguien lo haría, pero nadie se dio cuenta de que todo el mundo creyó que alguien lo haría… a fin de cuentas, todo el mundo culpó a alguien, porque nadie hizo lo que cualquiera hubiera podido hacer…”
Recordemos que sólo Dios es absoluto, ni los vencedores ganan todo, ni los perdedores pierden todo… la sociedad da y quita oportunidades, lo que importa es el aprendizaje y la actitud para enfrentar el futuro, pero de cara a la sociedad y para el bienestar de ella misma.
Reitero, solamente los que tenemos actitudes de aprendizaje ante las adversidades y tenemos la férrea voluntad de salir adelante, aprendemos la lección y reemprendemos el vuelo con mayor altitud de miras en beneficio de todos, porque no olvidemos que México tiene prisa por una sociedad más responsable y humilde ante los éxitos o adversidades, en la firme esperanza de que lo mejor está por venir.
RAÚL ALEJANDRO PADILLA OROZCO / Representante ciudadano y empresario.
Correo electrónico: rapo@rapo.com.mx