México

ROTONDA del viernes 19 de marzo del 2010

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Vitral por Javier Solórzano Zinser

No pueden
El enojo de los habitantes de Ciudad Juárez tiene innumerables motivos, aunque el procurador lo explique diciendo que el Gobierno “no es responsable de la enfermedad”. A los innumerables avatares que vive la ciudadanía se suma un capítulo más de la insensibilidad de los gobiernos federal y estatal. La Presidencia y la cancillería corrieron el domingo para ofrecer su solidaridad al Gobierno de Estados Unidos y no tuvieron una sola referencia para los seis jóvenes asesinados en un velorio.
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Ventana por José Cárdenas
Flojito y cooperando
Todos los muertos son iguales, pero hay unos más iguales que otros. El asesinato de tres personas vinculadas al consulado de Estados Unidos en Ciudad Juárez ha merecido más atención que los 18 mil caídos en tres años de gobierno calderonista; cinco mil 349 homicidios fueron cometidos en Juárez; importa poco que mil 080 muertos hayan sido víctimas inocentes. Para ésos, ni una lágrima. Obama se indigna y Calderón se espanta. El imperio enfurece. De la Casa Blanca para abajo, las declaraciones escalan la relación con México al peor nivel. En adelante veremos una intervención mucho más abierta de Estados Unidos. Compasivas migajas y patadas en el trasero. Abruma nuestro destino de siempre: obedecer recetas, consejos y regaños del vecino.  
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Plan B por Lydia Cacho

Entre morir o matar
Sentada en el patio con dos pequeñas de siete y cuatro años, refugiadas por violencia extrema, las escucho con atención. Sus gestos, la manera en que gesticulan al hablar y cómo la más pequeña toca mi mano cariñosamente mientras escribo lo que cuentan, me hace sentir el privilegio de su confianza. Interrumpo de vez en vez para mirarlas y preguntar. Me percato del poder impresionante que tienen las niñas y los niños para resignificar el sufrimiento, el miedo y el dolor.  
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Pergeño por Víctor Wario Romo
Es Juárez, es Torreón, es…
Ayer regresó mi hija Fabiola de un viaje de trabajo de varios días por la Comarca Lagunera. Se hospedó en un hotel de Torreón. Describe la ciudad con simpleza: “Está bonita”, pero viene sorprendida porque por primera vez supo lo que es estar en un lugar donde la gente se encierra a piedra y lodo a las ocho, a las nueve de la noche como límite. “Todo se muere, no hay diversión, no hay restaurantes; es la peor hora para los casinos” y en los lugares que hay clientes asiduos, los administradores o dueños llegan a sacarlos por “rutas seguras” para que eviten toparse con el peligro de la violencia… o con la muerte.
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