México

Delegación aún retira rocas en zona de derrumbe

Alcalde de Ixtapaluca rechaza recibir basura del Distrito Federal

CIUDAD DE MÉXICO.- La delegación Iztapalapa, en coordinación con la empresa Central de Láminas y Perfiles, continúa con el retiro de rocas en la colonia Palmitas, de donde se han extraído más de 300 metros cúbicos de piedra a causa del deslizamiento del jueves pasado. 

De acuerdo con el jefe delegacional, Horacio Martínez Meza, este lunes se evaluará junto con el Gobierno del Distrito Federal el estado físico del muro de contención que se ubica en la zona, con el fin de garantizar la seguridad de los vecinos aledaños. 

Precisó que desde el día de la desgracia se han deslizado cinco piedras inestables de la parte inferior del talud, mismas que ya fueron demolidas. 

Debido a la situación de la zona, el funcionario delegacional exhortó a los habitantes de la colonia Palmitas a considerar la propuesta de ser reubicados a fin de salvaguardar su integridad física o su vida. 

El pasado 22 de enero un deslizamiento de unas 400 toneladas de tierra y rocas de un cerro de la colonia Palmitas, en la delegación Iztapalapa, provocó la muerte de una mujer de 62 años y de un hombre de 41, después de que un muro de contención no resistiera el impacto provocado por el derrumbe.  

Alcalde de Ixtapaluca rechaza recibir basura del Distrito Federal

El alcalde Mario Moreno Conrado reiteró que Ixtapaluca no recibirá basura del Distrito Federal, pese a que autoridades del Estado de México insisten en señalar este municipio del oriente como una de las opciones ante el cierre de Bordo Poniente.
La población del Distrito Federal genera 12 mil toneladas diarias de basura, las cuales, hasta hoy, son depositadas en el confinamiento de Bordo Poniente, el cual deberá cerrar sus puertas en breve, al estar saturado con millones de toneladas de desperdicios que fueron sepultados en terrenos federales del ex Lago de Texcoco, luego de operar a lo largo de tres décadas.
(Agencias)

CRÓNICA

Un barranco, el traspatio de su casa

Vivir a la orilla de un barranco que tiene más de 10 metros de profundidad puede parecer impensable, un suicidio, pero no para Salvador, vecino de la colonia Herón Proal en la delegación Álvaro Obregón, para quien la barranca de Tarango ha sido el traspatio de su casa desde hace 15 años.

Un estrecho puente de rudimentaria herrería, con un pasamanos que se bambolea al caminar, y tarimas desgastadas por la intemperie que truenan al pisarlas, es el paso obligado de don Salvador y su familia para transitar entre la puerta de la calle y las austeras habitaciones donde residen.

Bajo ese bamboleante puente se extiende una de las bifurcaciones de la Barranca de Tarango, en cuyo fondo se aprecian montones de basura y riachuelos de agua residual que son expulsados de las casas aledañas.
No hay vivienda en los alrededores que no tenga una tubería de drenaje dirigida hacia esta barranca, en donde a pesar de la contaminación crecen arbustos y pastos.

Salvador está conforme con esa forma de vida. Dice no tener miedo de un deslave que eventualmente arrastraría a su casa al fondo de la hondonada.

Su hogar se aferra a escasos cinco metros de terreno plano que él mismo acondicionó a largo de estos años. Cuando llegó aquí, dice que el terreno era un bordo formado de manera natural por las ondulaciones de la hondonada, pero poco a poco él le ganó espacio a la barranca.

Hoy el límite de la casa con el desfiladero es una pequeña barda sobre la que hay macetas y tramos de malla ciclónica.

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