Jalisco

Cada seis días, una denuncia de acoso sexual

El Ministerio Público sólo persigue esta conducta cuando hay querella del afectado

GUADALAJARA, JALISCO (19/MAY/2014).- Las historias de Andrea, Elisa y Laura tienen muchos puntos en común como para ignorarlos. Las tres son veinteañeras en sus primeras experiencias laborales. Las tres fueron hostigadas por hombres en peldaños superiores del organigrama. En dos de los casos, sus jefas directas no las apoyaron. Las tres tuvieron que cambiar de empleo.

Historias como éstas son mucho más frecuentes de lo que puede pensarse: en 2013 ante la Fiscalía General de Jalisco se presentó al menos una denuncia cada seis días por acoso y hostigamiento sexual en los cuatro municipios de la Zona Metropolitana; la mayoría ocurrió en Guadalajara y Zapopan.

Entre enero y abril de 2014 ya hubo ocho denuncias, el equivalente a una cada 15 días: seis de acoso y dos de hostigamiento. Sin embargo, el número es más grande, pues éste es un delito que se denuncia poco, señalan expertos.

Pero hay otros indicadores: la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) mide desde 2010, cada primer trimestre del año, el número de mujeres que dejan sus empleos por discriminación y acoso. En los primeros meses de 2013 fueron 480.

El problema es que se trata de un delito “normalizado”: se ha dado durante tanto tiempo que ya poco se cuestiona y, de hecho, se tiende a culpar a la víctima, coinciden Guadalupe Ramos Ponce, representante en Jalisco del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer, y Héctor Robledo, profesor de Estudios de Género del ITESO.

El Código Penal de Jalisco identifica el acoso sexual y el hostigamiento sexual como delitos equiparables a estas conductas, pero sólo son perseguidos por querella del ofendido o de un representante. Y ése es otro punto en común de los relatos de Andrea, Elisa y Laura: ninguna de ellas denunció.

Tal vez por eso no es extraño que, aunque alrededor de 200 personas llegan todos los días a solicitar apoyo al Instituto Jalisciense de las Mujeres, no hay ningún caso reciente por acoso, sino que la mayoría busca apoyo jurídico por pensión alimenticia o violencia intrafamilar.

Por ello, la presidenta de este organismo, Mariana Fernández, insta a las víctimas a que denuncien ante la Fiscalía. También se pueden acercar al instituto, del que recibirán acompañamiento y apoyo psicológico.

Jalisco es uno de los pocos estados que tiene un avance legal importante, explicó Ramos Ponce. En 2008 entró en vigor la Ley de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, que marca el camino a seguir. Sin embargo, aún falta mucho: “Ya por lo menos lo tenemos en una norma jurídica. Lo que ha fallado es el cumplimiento y la armonización de esta ley”.

QUÉ DICE LA LEY
Dos delitos posibles


El Código Penal de Jalisco prevé dos diferentes delitos que pueden merecer penas hasta por cuatro años de prisión.

Acoso sexual

Los comete quien con fines o móviles lascivos asedie sexualmente a otra persona de cualquier sexo.

Hostigamiento sexual

Se tipifica a quien comete la misma acción pero además se vale de una posición jerárquica o de poder, derivada de sus relaciones laborales, docentes, religiosas, domésticas, o cualquier otra, que implique subordinación de la víctima

UNA INICIATIVA EN GUADALAJARA
Organizan observatorio contra el acoso callejero


De los chistes a los gritos, de las miradas a los tocamientos, el acoso callejero es tan común que si usted es hombre tal vez ni lo note, pero si es mujer es imposible no hacerlo.

Cansadas de esta situación e inspiradas en experiencias exitosas en otras naciones, tres jóvenes tapatías promueven el  primer Observatorio contra el Acoso Callejero Guadalajara.

La idea surge de un simple principio: no hay ninguna mujer en sus círculos que no haya sufrido alguna vez el acoso callejero. “Y, contrario a lo que muchas personas piensan, la experiencia no es nada halagadora ni agradable”, dice Malena García, una de las promotoras del observatorio, junto con Nadia González y Citlapi Murillo.

Se entiende por acoso callejero todos aquellos gestos, miramientos, gritos, silbidos y ruidos con una connotación sexual que los hombres llevan a cabo en los espacios públicos hacia las mujeres.

A la fecha, han realizado dos reuniones y a través de las redes sociales han encontrado el apoyo de más de 60 personas, por lo que esperan que el movimiento crezca. Además, ya acordaron vincularse con colectivos afines.

El Observatorio Contra el Acoso Callejero Chile tiene más de 26 mil “me gusta” en Facebook; Paremos el Acoso Callejero, de Perú, ya ronda los 28 mil, y Acción Respeto: por una calle libre de acoso, de Argentina, más de 44 mil. Por eso, las integrantes del observatorio tapatío tienen altas expectativas.

De este proyecto se esperan tres objetivos: primero, que se convierta en un punto de reunión para compartir experiencias en torno al acoso callejero; segundo, tejer redes en torno a ello a fin de que, como tercer punto, se comiencen a construir alternativas y planes de acción para combatirlo y erradicarlo: “(Queremos) hacer un llamado social a que el acoso callejero no es algo normal: no tenemos por qué asumirlo ni aceptarlo. Es una estrategia de dominación, es violencia”, explica García.

FRASE

"
Queremos que los hombres sepan que no nos sentimos cómodas ni halagadas cuando nos gritan cosas "

Nadia González,
integrante del Observatorio contra el Acoso Callejero de Guadalajara.

Andrea

Sabía que su jefe era una persona grosera y maleducada, pero fue hasta aquella tarde en que lo comprobó de la peor manera. Primero le hizo un comentario sobre lo que bien que se veía con esa ropa interior, parte de la cual se veía de forma accidental.  Sorprendida, se levantó el pantalón, se amarró un suéter a la cintura y esperó que no pasara de ahí.

Pero no fue así: cuando se levantó por unas copias, su jefe, gerente de ventas de la compañía, la abrazó por detrás e intentó tocarla. Ella lo aventó y, con un sentimiento que define entre la pena y la ira, se fue a su casa aprovechando que era la hora de comer.

Al volver, él preguntó si estaba bien, le ofreció una disculpa y le pidió que no se lo contara al director de la compañía. Ella sólo atinó a decir que no pasaba nada.

Pero sí pasaba: se sentía tan incómoda que renunció a los dos días. Con todo, eso no pasó inadvertido para el director de la empresa, quien la buscó en su casa para preguntarle la razón de su salida y por qué no solicitó su finiquito. Al enterarse, despidió al gerente de ventas y Andrea recibió una indemnización.

“Por un tiempo me causó cierta inseguridad, miedo y pensamientos extraños de ‘Si me vuelve a pasar...’, ‘¿Por qué no lo evité?’, ‘¿Por qué pasó...?’”, cuenta.

“Ya lo superé, hoy lo siento como un hecho aislado pero aún tengo el mal sabor de boca”, recuerda ahora, al admitir que no denunció lo ocurrido, debido al miedo que le causaban las mismas autoridades: “Son cosas que difícilmente quieres platicarlas y piensas mil cosas, las humillaciones en el MP (Ministerio Público); no contaba con pruebas y, lamentablemente y tontamente, me quise evitar más daño psicológico”, dice Andrea.

Elisa

Era su compañero de trabajo, aunque poco interactuaban pues estaban en departamentos distintos. Pero toda la mañana ese hombre se la pasó diciéndole piropos.

Elisa pensó que ignorarlo era una buena estrategia, pero su silencio le dio más confianza y la invitó a pasar la tarde con él en un hotel, aprovechando que su novio —que también laboraba ahí— no estaba presente por motivos de trabajo.

“Yo no me asusté; de principio sólo le dije que era un puerco y que cómo me podía invitar a mí conociéndome cómo soy yo, él conociendo a mi novio y yo conociendo a su esposa, y así quedó”, recuerda.

El acosador se metió en su oficina, pero luego volvió a la carga. Ella le respondió enojada, asustada, nerviosa. Pero él la tomó del brazo para decirle que se le veía en la cara que quería estar con él.

Elisa salió corriendo a su oficina; llorando, le contó a una compañera y a su jefa, quien fue a hablar con el acusado sólo para escuchar una versión opuesta: que fue ella quien se había metido en la oficina de él, y que le mostró el escote.

“Y mi jefa, a pesar de ser mujer, jamás me apoyó. ¡Fue su palabra contra la mía!”.

Al final, se enteró el jefe de esa persona, quien tomó algunas represalias, pero no lo despidió por intervención de la misma Elisa: “Yo decidí que no lo corrieran, se quedó un par de años más pero con seguridad sabía que no podía acercarse a mí. De hecho, en su momento sólo pedí que a nadie le volviera a pasar”.

Prefirió no seguir la vía legal, pues no tenía pruebas de maltrato físico y un pariente abogado le advirtió que sería mucho desgaste. “Y suficiente tiene uno con vivir la situación desagradable como para andar metida en un pleito legal, eso pensé”.

Laura

Tenía 20 años y el jefe de su jefa, 42. Desde que entró a trabajar en esa oficina, él fue muy amable con ella, aunque con el resto de las personas “era un maldito”.

Después se enteró de que Laura estaba de novia con un chico de la oficina y al novio empezó a irle mal: más carga de trabajo, hacer actividades que no le correspondían y regaños por

acciones de las que no era responsable.

Mientras, los tratos con ella seguían siendo extremadamente amables hasta que comenzó a llamarla a su oficina sólo para platicar. Siempre cerraba la puerta.

En una de esas ocasiones, al  terminar de hablar, se levantó y le dio un abrazo, que Laura no entendió muy bien pero al que reaccionó poniendo distancia entre ellos. “Pero la segunda vez me abrazó un ratote... que si yo no lo quito, él no se quita. Y ya con eso ahora sí me alejé mucho”.

Y entonces comenzaron las represalias en contra de ella: más carga horaria, le quitó el acceso a internet y, al final, simplemente no respetó su contrato e intentó dejarla sin trabajo.

“Algo también horrible fue la actitud de mi jefa ante eso: ella no metió ni las manos”. Sólo debido a la intervención del sindicato, ella mantiene su empleo, aunque en otra oficina.

Tampoco tuvo muchos incentivos para denunciar: la cercanía de esa persona con los altos mandos de la compañía y el temor de perder su trabajo la hicieron decidir por mantener las cosas así.

Cultura enraizada


La violencia sexual es una forma de dominio o de poder sobre una persona a la que se percibe como un inferior o un objeto sexual. Es lo primero que hay que cambiar, señala Guadalupe Ramos Ponce, representante en Jalisco del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer: “Hay que cambiar estas formas de relacionarnos entre mujeres y hombres”.

Pero esto es complicado, pues esta violencia se justifica con construcciones culturales como el hecho de que las mujeres son más débiles o son menos productivas, que los hombres han sabido capitalizar en su beneficio, en buena medida tratándolas como objetos, explicó Héctor Robledo, profesor de Estudios de Género del ITESO: “Si vemos de qué está plagada la publicidad, advertimos que las mujeres siguen siendo los objetos con los que se vende cualquier cosa”.

UNO X UNO
Los falsos argumentos de un asunto “muy normal”


“Sólo las conductas sancionadas por la ley son ofensivas; por lo tanto, las miradas o comentarios no constituyen violación a los derechos de las mujeres”. En realidad, el problema de sociedades como la mexicana es que toda conducta de naturaleza sexual que no sea bienvenida o que provoque franco rechazo debería ser considerada como acoso sexual.

“Es normal que los hombres hagan bromas con contenido sexual en público”. Mentira: ese tipo de comportamiento es parte de la violencia de género, sustentada en relaciones de poder entre hombres y mujeres que son asimétricas, casi siempre en perjuicio de ellas.

“Las mujeres tienen la culpa por ser provocadoras”. Éste es un argumento muy popular, pero lo que pasa realmente es que los hombres cosifican a las mujeres al considerarlas objetos sexuales de sus fantasías.

“Las mujeres hacen cargos falsos de acoso”. Otro argumento común entre quienes consideran exagerado este tema. Lo que ocurre es que todavía existe tolerancia social frente al acoso sexual: a sus muchas formas de infligirlo se les considera conductas naturalmente masculinas.

“Los hombres poseen un irrefrenable instinto sexual”. Otro argumento falso en realidad, la sexualidad humana no es exclusiva de los varones; los patrones de masculinidad tradicional o machista magnifican su libido.

Fuente: Organización Internacional de Trabajo.

CONTACTO
A dónde acudir


Instituto Jalisciense de las Mujeres

Miguel Blanco 883, Centro de Guadalajara.

Línea Mujer: 01-800-006-8537

 Fiscalía General del Estado


Calzada Independencia 778, Colonia La Perla, Guadalajara.

3837-6000

EJEMPLOS
Esas pequeñas señales de abuso


Manoseos, pellizcos, palmaditas, apretones o roces deliberados.

Miradas lascivas.

Comentarios homófobos, gestos con una connotación sexual, guiños.

Enviar mensajes o e-mail no deseados.

Colocar chistes o comentarios explícitos en la red interna de una oficina.

Hacer comentarios o insinuaciones sexuales.

Contar chistes de carácter sexual o preguntar sobre fantasías eróticas.

Comentarios homófobos e insultos basados en sexo.

Solicitar favores sexualesa cambio de un ascenso.

Exhibir fotos, calendarios o fondos de pantalla en la PC con contenido explícito.

Silbidos.

Fuente: Confederación Sindical Internacional.

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