Internacional
Rebeldes ofrecen 1.7 millones de dólares por Gadhafi, y amnistía
El líder del Consejo Nacional de Transición asegura que el final de las batallas sólo llegará cuando el dictador sea capturado, vivo o muerto
TRÍPOLI, LIBIA (25/AGO/2011).- Un día después de que las fuerzas rebeldes arrasaran el cuartel general de Gadhafi en Trípoli y destrozaran los símbolos de sus 42 años de Gobierno, disparos aislados de ametralladoras y cohetes de grupos leales recalcitrantes mantenían a raya a los insurgentes que buscan al líder libio y a sus hijos. Mientras tanto, los nuevos líderes de Libia ofrecieron más de un millón de dólares por el fugitivo Muamar Gadhafi, después de que pidió a sus hombres leales seguir la batalla en la capital libia, Trípoli.
“Las fuerzas de Gadhafi y sus cómplices no dejarán de resistirse hasta que Muamar sea capturado o muerto”, dijo Mustafa Abdel Jalil, jefe del rebelde Consejo Nacional de Transición, quien ofreció amnistía a cualquiera de su entorno que lo mate y anunció una recompensa valorada en más de un millón de dólares por su captura.
“El final sólo llegará cuando él sea capturado, muerto o vivo”, agregó en declaraciones desde el bastión rebelde oriental de Bengasi.
Hasta entonces, Gadhafi no se rendirá fácilmente y podría desencadenar un “evento catastrófico”.
Los rebeldes también reportaron enfrentamientos en el desierto y disputas en la ciudad natal del coronel.
En Trípoli, cohetes y ametralladoras mantenían a dos millones de civiles encerrados en sus casas. Muchos estaban ansiosos, aunque deseosos, de que la guerra termine pronto, y enfrentaban un empeoramiento de la escasez de alimentos, agua y suministros médicos para los cientos de heridos y enfermos.
En una grabación de audio de mala calidad emitida a través de un canal por satélite durante la madrugada, Gadhafi, de 69 años, instó a los libios a “exterminar a traidores, infieles y ratas”.
Sin embargo, no había indicios claros del paradero de Gadhafi, aunque sus adversarios suponían que aún estaba en Trípoli o en sus alrededores luego de que el propio otrora hombre fuerte de Libia describió como una “táctica” su retirada del complejo Bab al-Aziziya antes de que éste fuera tomado el martes por los rebeldes.
Líderes de potencias occidentales y los rebeldes que comandan la transición no perdieron tiempo e iniciaron el proceso de traspaso de importantes activos extranjeros de Libia pese a que algunos siguen reacios a declarar la victoria.
Los fondos serán necesarios para aliviar los efectos de la guerra en pueblos que han quedado destruidos y para desarrollar las reservas de petróleo que pueden hacer rica a Libia.
Washington estaba preparando una resolución de Naciones Unidas (ONU) para la liberación inmediata de mil 500 millones de dólares para ayuda humanitaria. Más fondos llegarán luego.
Francia trabaja con Reino Unido y otros aliados para esbozar una nueva resolución de la ONU dirigida a suavizar las sanciones y las congelaciones de activos impuestas a Libia cuando Gadhafi estaba al mando. Los rebeldes también han hablado de reiniciar pronto las instalaciones de exportación de petróleo.
Aunque Libia tiene riquezas petroleras, cuatro décadas de Gobierno de culto a la personalidad de Gadhafi ha dejado al país con pocas instituciones para una buena gobernabilidad.
El líder desaparecido
Abdel Salam Jalloud, cercano aliado de Gadhafi, dijo que el veterano líder planeaba desaparecer de la vista y luego lanzar una guerra de guerrillas cuando las tropas de La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se retire.
“Está enfermo de poder”, añadió. “Él cree que puede reunir a sus partidarios y realizar ataques (...) Alucina. Cree que puede volver al poder”, sostuvo.
Cerca del fin de 40 años de dictadura
El país que se inventó de la nada
MADRID.- En 1951, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) empaquetó tres provincias desérticas en un solo país llamado Libia y reconoció su independencia, con el único fin de que ni Estados Unidos ni la Unión Soviética instalaran bases militares en ese vacío arenoso estratégicamente situado en mitad del Mediterráneo. Nadie era optimista sobre el futuro libio. La ONU envió a un economista, Benjamin Higgins, para que estudiara posibles formas de desarrollar la joven nación, y recibió un informe descorazonador: “Libia combina en un solo país prácticamente todos los obstáculos al desarrollo que pueden encontrarse en el planeta: geográficos, económicos, políticos, sociológicos y tecnológicos; si Libia puede alcanzar un crecimiento sostenido, ningún país ha de perder la esperanza”.
Muamar Gadhafi era entonces un niño de nueve años que pastoreaba camellos y pensaba sobre Libia lo mismo que los libios: nada. Dos históricas regiones del desierto, Tripolitania y Cirenaica, habían sido ensambladas con una tercera prácticamente deshabitada, Fazan, pero la gente, poco más de un millón de personas, ignoraba en qué consistía una nación. La brutal colonización italiana había exterminado a un tercio de los habitantes, había impedido que los nativos participaran en la administración o los negocios y solo había conseguido fomentar un odio profundo hacia los funcionarios y hacia cualquier cosa relacionada con el Estado.
Al frente del país fue colocado un rey, Idris, quien no quería reinar y no reinó: pasó 18 años evitando tomar decisiones. En 1969 un grupo de jóvenes militares ejecutó un golpe incruento y le derrocó. Los nuevos líderes del país, encabezados por el capitán Muamar Gadhafi, de 27 años, no tenían otra ideología que el panarabismo socialista del presidente egipcio Gamal Abdel Nasser.
FICHA TÉCNICA
Buscan evitar errores de Iraq
El enfoque adoptado por Washington tras el derrocamiento de Saddam Hussein fue desordenado. Días después de la caída de Bagdad, el teniente general Jay Garner dijo: “Yo voy a llevar el balón por el campo y veré qué pasa”.
Las cosas no salieron mucho mejor a Paul Bremer, quien sucedió a Garner en mayo de 2003. Su decisión de disolver el Ejército iraquí dejó a decenas de miles de hombres enojados con armas en las calles, lo que contribuyó en forma directa al aumento de la insurgencia.
“Las fuerzas de Gadhafi y sus cómplices no dejarán de resistirse hasta que Muamar sea capturado o muerto”, dijo Mustafa Abdel Jalil, jefe del rebelde Consejo Nacional de Transición, quien ofreció amnistía a cualquiera de su entorno que lo mate y anunció una recompensa valorada en más de un millón de dólares por su captura.
“El final sólo llegará cuando él sea capturado, muerto o vivo”, agregó en declaraciones desde el bastión rebelde oriental de Bengasi.
Hasta entonces, Gadhafi no se rendirá fácilmente y podría desencadenar un “evento catastrófico”.
Los rebeldes también reportaron enfrentamientos en el desierto y disputas en la ciudad natal del coronel.
En Trípoli, cohetes y ametralladoras mantenían a dos millones de civiles encerrados en sus casas. Muchos estaban ansiosos, aunque deseosos, de que la guerra termine pronto, y enfrentaban un empeoramiento de la escasez de alimentos, agua y suministros médicos para los cientos de heridos y enfermos.
En una grabación de audio de mala calidad emitida a través de un canal por satélite durante la madrugada, Gadhafi, de 69 años, instó a los libios a “exterminar a traidores, infieles y ratas”.
Sin embargo, no había indicios claros del paradero de Gadhafi, aunque sus adversarios suponían que aún estaba en Trípoli o en sus alrededores luego de que el propio otrora hombre fuerte de Libia describió como una “táctica” su retirada del complejo Bab al-Aziziya antes de que éste fuera tomado el martes por los rebeldes.
Líderes de potencias occidentales y los rebeldes que comandan la transición no perdieron tiempo e iniciaron el proceso de traspaso de importantes activos extranjeros de Libia pese a que algunos siguen reacios a declarar la victoria.
Los fondos serán necesarios para aliviar los efectos de la guerra en pueblos que han quedado destruidos y para desarrollar las reservas de petróleo que pueden hacer rica a Libia.
Washington estaba preparando una resolución de Naciones Unidas (ONU) para la liberación inmediata de mil 500 millones de dólares para ayuda humanitaria. Más fondos llegarán luego.
Francia trabaja con Reino Unido y otros aliados para esbozar una nueva resolución de la ONU dirigida a suavizar las sanciones y las congelaciones de activos impuestas a Libia cuando Gadhafi estaba al mando. Los rebeldes también han hablado de reiniciar pronto las instalaciones de exportación de petróleo.
Aunque Libia tiene riquezas petroleras, cuatro décadas de Gobierno de culto a la personalidad de Gadhafi ha dejado al país con pocas instituciones para una buena gobernabilidad.
El líder desaparecido
Abdel Salam Jalloud, cercano aliado de Gadhafi, dijo que el veterano líder planeaba desaparecer de la vista y luego lanzar una guerra de guerrillas cuando las tropas de La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se retire.
“Está enfermo de poder”, añadió. “Él cree que puede reunir a sus partidarios y realizar ataques (...) Alucina. Cree que puede volver al poder”, sostuvo.
Cerca del fin de 40 años de dictadura
El país que se inventó de la nada
MADRID.- En 1951, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) empaquetó tres provincias desérticas en un solo país llamado Libia y reconoció su independencia, con el único fin de que ni Estados Unidos ni la Unión Soviética instalaran bases militares en ese vacío arenoso estratégicamente situado en mitad del Mediterráneo. Nadie era optimista sobre el futuro libio. La ONU envió a un economista, Benjamin Higgins, para que estudiara posibles formas de desarrollar la joven nación, y recibió un informe descorazonador: “Libia combina en un solo país prácticamente todos los obstáculos al desarrollo que pueden encontrarse en el planeta: geográficos, económicos, políticos, sociológicos y tecnológicos; si Libia puede alcanzar un crecimiento sostenido, ningún país ha de perder la esperanza”.
Muamar Gadhafi era entonces un niño de nueve años que pastoreaba camellos y pensaba sobre Libia lo mismo que los libios: nada. Dos históricas regiones del desierto, Tripolitania y Cirenaica, habían sido ensambladas con una tercera prácticamente deshabitada, Fazan, pero la gente, poco más de un millón de personas, ignoraba en qué consistía una nación. La brutal colonización italiana había exterminado a un tercio de los habitantes, había impedido que los nativos participaran en la administración o los negocios y solo había conseguido fomentar un odio profundo hacia los funcionarios y hacia cualquier cosa relacionada con el Estado.
Al frente del país fue colocado un rey, Idris, quien no quería reinar y no reinó: pasó 18 años evitando tomar decisiones. En 1969 un grupo de jóvenes militares ejecutó un golpe incruento y le derrocó. Los nuevos líderes del país, encabezados por el capitán Muamar Gadhafi, de 27 años, no tenían otra ideología que el panarabismo socialista del presidente egipcio Gamal Abdel Nasser.
FICHA TÉCNICA
Buscan evitar errores de Iraq
El enfoque adoptado por Washington tras el derrocamiento de Saddam Hussein fue desordenado. Días después de la caída de Bagdad, el teniente general Jay Garner dijo: “Yo voy a llevar el balón por el campo y veré qué pasa”.
Las cosas no salieron mucho mejor a Paul Bremer, quien sucedió a Garner en mayo de 2003. Su decisión de disolver el Ejército iraquí dejó a decenas de miles de hombres enojados con armas en las calles, lo que contribuyó en forma directa al aumento de la insurgencia.