Ideas

Ya han transcurrido 19 años

Por Xavier Toscano G. de Quevedo

Está escrita una frase de un filoso francés de principios del siglo XX que dice así: “se empieza a morir cuando se nace”, y con ello da inicio también al camino de nuestra propia historia, que tendrá forzosamente que llegar a su epílogo, pero sólo nos detenemos a reflexionar en ello cuando este suceso de la vida se hace presente en nuestra familia, con un amigo estimado, o con algún protagonista importante de nuestro entorno.

Los personajes importantes que lucharon con ahínco y firmeza —salvando todos los obstáculos y carencias— en su vida para trascender y dejar una historia importante de sus hechos, no podrán nunca ser olvidados y mucho menos pasar desapercibidos. Por ello, hoy recordamos con agrado a un personaje importante que supo mostrarse y ganarse el cariño y respeto de los aficionados dentro de nuestra hermosa fiesta brava, “El Berrendito de San Juan” Luis Procuna.

El mes de agosto históricamente siempre ha sido difícil para los toreros y para la fiesta, es el de mayor numero de festejos en España y por consecuencia nos muestran las estadísticas, que en él suceden un numero importante de percances y mucho de ellos de fatales desenlaces. Pero no sólo en los ruedos la fiesta brava pierde a los suyos, también fuera de él y por ello recordamos como un viernes 11 de agosto de 1995 amanecimos leyendo en los diarios la fatal noticia de que había muerto en un trágico accidente de aviación, que se originó en suelo salvadoreño la noche del miércoles 9 de agosto, el torero Luis Procuna y su esposa Consuelo Chamorro.

Impactante noticia, “El Berrendito” acababa de cumplir 72 años, y se dirigía con su esposa a Nicaragua, para estar presentes en un homenaje que le ofrecerían en su honor, pero ese día moría el torero e iniciaba su leyenda. Procuna nació en la Ciudad de México el 21 de junio de 1923, sus primeros pasos en la fiesta los dio acompañando a su hermano Ángel, como ayuda y mozo de estoques, pero esta historia pronto tomaría otro rumbo y Ángel se queda en el camino y Luis surge como un novillero interesante para la fiesta. Se presenta en la Plaza “El Toreo” de la Colonia Condesa el 14 de agosto de 1941 en un “Jueves Taurino”, lidiando novillos de Atlanga. A nuestra Perla de Occidente llega el domingo 30 de noviembre de 1941 alternando con Gregorio García los novillos pertenecían a la dehesa de Caltengo. Luis esa tarde causó muy grata impresión entre los aficionados tapatíos que lo adoptaron como su novillero consentido. Como al que triunfa hay que repetirlo —máxima taurina— regresa al coso del Hospicio el 21 de diciembre, junto a Conchita Cintron, y Jesús Guerra “Guerrita”, Procuna de nueva cuenta corta las orejas a sus novillos que procedían del hierro jalisciense de Matancillas y sale a hombros de la plaza entre la algarabía de los aficionados.

Después de una exitosa campaña se despide de novillero en Guadalajara el lunes 1 de noviembre de 1943 alternando con su inseparable compañero Luis Briones, realizando una de sus mejores faenas al novillo “Consentido” de Matancillas, al que cortó las orejas y el rabo. Y se fue para recibir la alternativa en Ciudad Juárez el 5 de diciembre que le otorga Carlos Arruza lidiando un encierro de Corlomé, propiedad de Manuel Cortina Rivas y José Cesáreo Lomeli Ponce. Siete días después, el domingo 12 de diciembre, regresa a la plaza que lo había encumbrado, y así la afición tapatía lo recibe como matador de toros, junto a Silverio Pérez con toros de La Punta. Esa tarde marcaría la historia de su vida torera y Procuna ve regresar a los corrales al toro “Larguillo” al escuchar los tres avisos.

No podemos olvidar que el 5 de febrero de 1946 Luis formó parte del cartel inaugural de la Plaza México, junto al “Califa de Córdoba” Manuel Rodríguez “Manolete” y Luis Castro “el Soldado” con un encierro zacatecano de San Mateo, propiedad de Antonio Llaguno.

Veintiocho años después de su alternativa, viene por última vez a Guadalajara el domingo 10 de enero de 1971, esa tarde lo acompañaron Mariano Ramos y Manolo de los Ríos, se lidiaron reses de Aurelio Franco, pero ya nada aportó la actuación de Procuna. Finalmente el 10 de marzo de 1974 dice adiós a la afición —que tantas veces lo aclamó, como de la misma manera le reprochaba airadamente sus malas tardes— en la plaza que el había inaugurado casi tres décadas atrás. Acompañaron a Procuna en su última tarde, Eloy Cavazos y Chuchito Solórzano, los toros fueron del Ing. Mariano Ramírez. Con el toro “Caporal” cerró su vida torera, cortándole las dos orejas y el rabo.

Impredecible, así fue en los ruedos Procuna, lo mismo es mostraba estoico e imperturbable, como en un instante cambia su actitud a espantadizo e indeciso. Una tarde se convertía en el ídolo de los aficionados y la siguiente era el torero repudiado. Esa era su personalidad, que siempre mostró en los ruedos. Ojalá, que algún día regresen a nuestro país, toreros con este carisma y personalidad, y que tengan la inteligencia para entender, que ésta hermosa fiesta solamente podrá resurgir cuando de nuevo esté presente, el eje central del espectáculo; su majestad El Toro Bravo.
 

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