Ideas

¡Y si nos desanimamos!... ¿Qué ocurrirá?

Por Xavier Toscano G. de Quevedo

Los aficionados a la Fiesta Brava parece ser que en este incipiente año se encuentran llenos de dudas y con innúmera incertidumbre, ya que no encuentran o más bien no perciben ni siquiera una pequeñísima luz que muestre algo de claridad en el túnel tan oscuro y tenebroso por el que está atravesando principalmente en los años que llevamos de este nuevo siglo el espectáculo taurino.  

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Entendemos que nuestro país está rebasando por muchísimos problemas económicos, de excesiva inseguridad, enorme corrupción, y de una inestabilidad social que no han sido resueltos, y que al parecer cada día se empantanan más y más, sin que las autoridades encuentren la forma de darles solución, y esta alarmante problemática obviamente repercute en el ánimo de todos, y como una consecuencia lógica, en la actividades y entretenimientos que en nuestro país se llevaban a cabo, y entre las que se encuentra y con grande orgullo nuestro ancestral y emblemático Espectáculo Taurino. >

Hoy considero adecuado recordar que: “No hay mal que dure cien años, ni pueblo que lo soporte”, y es que en el devenir constante de nuestro pueblo existen muchos contextos y situaciones que se presentan y se repiten tan frecuentemente que son motivo para que con el tiempo se vayan conjugando una asociación de palabras que finalmente darán paso a enunciados con los cuales nacerán finalmente los refranes o dichos populares tan característicos de nuestro vocablo, que sin lugar a dudas revelan auténticas enseñanzas de vida, como la que apuntamos en el inicio de este párrafo.

Nuestra fiesta brava, que históricamente posee un lugar importante dentro de nuestro pueblo, de sus costumbres y cultura –aunque hoy algunos advenedizos la pretenden censurar– cuenta también con sus refranes, símbolos o máximas que nacen dentro de su propia esencia. Indiscutiblemente la más representativa y que envuelve toda la particularidad y el significado de la tauromaquia dicta a la letra: “El Toro pone a cada quien en su lugar”, en esta verdad absoluta encontramos compendiado todo lo que sucede en torno a su majestad el Toro Bravo. >

Cuando un Toro –así, con mayúscula – está presente en el ruedo de cualquier plaza del mundo, ya sea la más importante y emblemática como Madrid o Sevilla, hasta la más sencilla y humilde, marca tracistamente la diferencia, y entonces sí, resalta la verdad de todo lo que frente a él se realiza, contribuyendo asimismo a que los aficionados y hasta el público otorguen su máximo respeto y admiración para aquellos que con entrega absoluta y valor logran enfrentarlo.

Indudablemente que me refiero únicamente al serio y auténtico Toro Bravo, el que salta a la arena con fidedigna edad de toros –cinco años– con la madurez que sólo se consigue con el tiempo real, y no con el apócrifo. Y con la presencia y el trapío propio de su estirpe y linaje que lo convierte en uno de los ejemplares más bellos de la creación, sin olvidarnos jamás de su característica primordial y obligatoria que es “La Bravura”, fundamento vital que lo diferencia de todos los demás animales de la tierra. Este impresionante galán de la naturaleza, con sus particularidades propias y únicas, es el que dio origen para que naciera este sorprendente y magno espectáculo que es La Tauromaquia, hoy tristemente reducida, egoístamente degradada y vorazmente quebrantada, motivos anómalos por los cuales los aficionados viven desanimados y con la incertidumbre e intranquilidad del ¿Qué ocurrirá? >

Evidentemente hoy la fiesta –así, con minúsculas– en nuestro país atraviesa por la peor crisis de toda su historia –ocasionada por la indolencia, petulancia y torpeza de las actuales empresas–, actitudes que nos llevan a utilizar otro refrán: “Árbol que creses torcido nunca, jamás su tronco endereza” y es que estos absurdos prepotentes lo único que han conseguido es el que desaparezca prácticamente toda la verdad de lo que debería estar presente en los ruedos, escenario lamentable que tiene como destino final, el abandono de los aficionados y el público de las plazas ¡Permaneciendo el desánimo y la contrariedad! Y, ¿tenemos qué seguir así?

El padecimiento que nos aqueja actualmente se ha venido generando de mucho tiempo atrás, en el que se fueron acumulando los errores, las malas decisiones, los persistentes engaños y las continuas trampas que han dado como resultado la mediocridad que padecemos hoy. La complicaciones nacieron irrefutablemente con la infausta disminución del toro, en su edad, presencia y lo más absurdo, dramático y catastrófico, la pérdida de su cata y bravura – lesión o mal prácticamente imposible de subsana. ¡Ah, pero había que congraciarse con los toreros!

Por todos estas pifias y atropellos, actualmente es desilusionante, insoportable y fastidioso ver en cada tarde, en todas, subrayo, en todas las plazas de nuestro país, salir animales –que NO toros– sin edad, sin la presencia y carentes de la más elemental bravura, y que no obstante a ello vemos cómo fracasan y se pierden la mayoría de los toreros que actualmente tenemos: ¿Cuál se salva?

En algún momento tendrán –empresas, ganaderos y actuantes ¡aunque hayan crecido con sus ramas torcidas!– que admitir no obstante a su soberbia, los errores cometidos, porque el padecimiento ya es muy complicado y están en graves problemas, o finalmente estarán predestinados desaparecer. La fiesta actualmente en nuestro México se encuentra muy degradada y ultrajada, y los aficionados lo saben, por lo cual hoy es mínimo el caso que le hacen, están muy cansados, fastidiados y molestos de asistir a las plazas –nada más échele un vistazo a los tendidos, y vera la escasísima asistencia– y ver en todas las tardes un espectáculo intrascendente, sin nada sustancial que les satisfaga, y que lamentablemente es propiciado con la colaboración de las autoridades indignas, serviles y deshonestas.

Pero no hay que desanimarnos, lo más importante es continuar con la tarea y persistir en que nuestra emblemática Fiesta Brava, solamente encontrara la salvación con el único procedimiento admisible y seguro, que ya es urgente e inaplazable, el regreso y la presencia en los ruedos de su Majestad, El Toro Bravo.

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