¿Y si la esposa gana más que él?
Quedé muy impresionado cuando hace poco una señora de mediana edad me comentó que ella no quería ganar más que su marido, porque entonces se iba a echar en la hamaca y forzarla a que progresivamente pagara la mayoría de los gastos de casa.
Nunca pensé que existiera ese sutil temor femenino, de no querer progresar económicamente para no generar esposos “conchudos”.
El asunto está aún en la mesa, ¿será cierto que en la medida en que las esposas ganan más dinero que el propio marido, entonces los varones nos recargamos en ellas y acabamos por empujar a que paguen más y más cosas que nos corresponden a los hombres?
De inmediato surge la incógnita, y ¿qué debe de pagar cada quién, si los dos trabajan? ¿Habrá un criterio general o sólo responde a un acuerdo en cada pareja?
Quizá me inclino más por esta última posibilidad, pero aun así parece que sí hay todavía la idea de que el hombre es el responsable, casi único, de los gastos familiares. Y que la mujer, en la medida de sus posibilidades, sólo apoya con algunos gastos, regularmente muy bien definidos.
He conocido señoras de clase alta casarse con personas de menor nivel económico, y al principio sí están dispuestas a poner lo que sea para salir adelante, pero al pasar los años se van cansando al ver que su esposo en realidad es un inmaduro, flojo y mantenido.
Es cierto que sí existen los hombres ventajosos, mañosos y abusivos que sólo buscan casarse con mujeres de padres ricos, pues saben que van a escalar pronto de posición socio-económica y vivir del presupuesto de la familia de ella.
La queja de muchos esposos con mujeres que ganan más que ellos, es que ellas exigen mucho y se quedan con los excedentes para sus propios caprichos, y que así obligan a que se cubran los gastos de casa con los ingresos de él. Lo que parece injusto para algunos.
Sin embargo, es cada vez más frecuente encontrarse con que las mujeres ganan más que sus parejas y sí es cierto que comienza a surgir una casta de varones comodinos y acomplejados que no pueden con la situación y se tiran en la pachorra del conformismo. En lo que sí no puedo estar de acuerdo es que una mujer de personalidad, próspera e inteligente, salga con la idea de que prefiere quedarse estancada con tal de que su pareja no se recargue en ella y se transforme en un varón mantenido.
El orgullo masculino y el machismo ya deben de aprender a no sentirse heridos por la prosperidad de las mujeres. No se trata de una competencia de géneros, sino de buscar un mutuo apoyo. Y sobre todo de que sea la familia la que mejore.
Todo parece indicar que cada vez serán más las mujeres, madres y amas de casa, las que tengan mejores ingresos. Eso no debe de impedir que sigamos los hombres poniendo todo nuestro esfuerzo, junto al de ellas.