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¿Y si el hijo no obedece?

GUADALAJARA, JALISCO (16/AGO/2015).- Es muy evidente que la lucha por el poder entre los padres y los hijos acaba por convertirse en la desobediencia de unos o la imposición y la fuerza del otro.


No se trata de una lucha por el poder, sino de buscar las mejores soluciones y acuerdos para encontrar el bienestar de todos.

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En la tensa y conflictiva relación de los padres con un hijo adicto, la mejor opción es  por las buenas, raramente funciona el camino contrario. >


Más que enojarse y caer en la desesperación y el orgullo herido por la desobediencia de los hijos, hay que preguntarnos por qué lo están haciendo. Qué motivos tienen para incurrir en semejante conducta y desafiar la autoridad de los padres.


En general la respuesta es que están en desacuerdo con las reglas y lineamientos que marca la autoridad. Simplemente no están dispuestos a cumplirlas porque prefieren hacer su voluntad, muchas veces impulsados por caprichos personales. >


Prefieren hacer lo que les viene en gana y no lo que dictamina el criterio de los padres.


Es de todos conocido que se supone que la autoridad de los padres debe ser justa y cuidar el bienestar y la salud de los hijos. Tampoco la de incurrir en una tiranía y dictaminar cosas absurdas y a todas luces ilógicas. En estos casos suele ser entendible que los hijos se rebelen y acaben por defenderse al no seguir los caprichos y groseros castigos que pueden imponer. >


Si el hijo no obedece, hay que preguntarle directamente ¿por qué? de alguna manera vamos a comprender mejor lo que hace, que sacar el látigo antes de tiempo.
De la respuesta sale el camino que hay que seguir.


Por lo que es el diálogo y los acuerdos una opción adecuada para tratar de conseguir mayor paz y armonía y con ello evitar las lamentables batallas que se generan entre mentiras, insultos y agresiones, cuando las cosas no se dan.


Un hijo adicto —hemos dicho— más que estarse portando mal, está en un proceso enfermizo, sufre, esta agobiado por los problemas que trae. Así que bajo esa perspectiva hay que entender las desobediencias y no ejecutar los castigos hasta no resolver las causas.


Cuando el hijo no obedece, el diálogo es la mejor opción.

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