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“¡Viva el tamborazo…!”

Dice el programa de mano del segundo concierto de la Segunda Temporada 2013 de la Orquesta Filarmónica de Jalisco en el Teatro Degollado, que Alfredo Ibarra, director huésped en turno, “ha realizado un buen número de arreglos orquestales para prácticamente todas las orquestas de las que ha sido director”. Habrá que consignar que también ha perpetrado algunos notorios desarreglos. Por ejemplo, los que hizo el viernes a las tres obras de Tchaikowsky incluidas en el programa en cuestión.

Un buen amigo, que en gloria esté, calificaba a Tchaikowsky como “musiquillo ramplón”. Cualquiera que hubiera tenido el viernes su primer contacto con el compositor ruso, generoso en intimismos y belleza melódica, podría pensar lo mismo. Salvo el segundo y tercer movimientos —melancólico y delicado aquél, desenfadado y desarrollado principalmente a  base de pizzicati el segundo— de la Sinfonía No. 4 en Fa menor, Op. 36, que se salvaron decorosamente de la quema, el resto naufragó estrepitosamente… Desde la primera entrada de los metales, tras la pulcra exposición del tema inicial a cargo de las cuerdas en la Marcha Eslava Op. 31, Ibarra mostró sus cartas credenciales: “¡Túpanle, pelaos…, y que viva el tamborazo!”

Lástima de programa. Lástima de entrada (teatro casi lleno). Lástima de orquesta. En manos de un director de banda, tocó como charanga de pueblo…

Hubo, sí, pasajes rescatables: el andante de El Lago de Los Cisnes Op. 20 a, con el solo de arpa y los dúos de la misma (con disonancias propiciadas, obviamente, por el mismo director) con violín y cello, y los diálogos de estos últimos. Ahí quedó claro que sí había músicos. El resto fue la epopeya del ruido, especialmente cuando aparecían los alientos. Medina dio un show de desmesura tímbrica y rítmica: los fortes fueron estrepitosos; los prestos, desbocados; los tutti, auténticas masacres de las cuerdas a manos de los metales; la incapacidad de dar a los pasajes armónicos el peso específico que les corresponde, equiparándolos con los melódicos, una prueba de incapacidad para distinguir la gimnasia de la magnesia.

Hay la razonable esperanza de que en el próximo programa, con Oriol Sanz en el pódium y Christian Leotta como solista, haya música propiamente dicha en el Teatro Degollado. Por lo pronto, hoy al mediodía, en la misma sala, habrá repetición íntegra del programa del viernes.

Paciencia. No hay mal concierto que dure cien años.
 

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