La semana pasada tuvo a bien darnos una visita el hombre más poderoso del mundo, el señor Barack Obama. Esto, dicen los malhablados, fue con el propósito exclusivo de someter a la patria a los malignos y perversos designios imperialistas yankees; mientras que la bola de periodistas chayoteros dirán que, en realidad, la visita tenía como único propósito el refrendar los lazos de amistad que unen a nuestros pueblos. A esto debemos decir con toda verdad que ambas posturas son falsas y se hallan en el error. Si vino el señor Obama a la ciudad de México era porque tenía meses planeando ese viaje después de haber visto un domingo en Univisión la película “El día de los albañiles 2” y quería comprobar con sus propios ojos la existencia de ese mundo mágico que rodeaba al Caballo Rojas.Y así, tal como suele suceder en las películas de Disney, el oriundo de Hawaii consiguió un doble que lo supliera en las actividades mientras él se daba un baño de pueblo. Curioso resultó que, de entre todos los sujetos que audicionarion para suplir al presidente norteamericano, el doble elegido era un mecánico de Valle de Chalco bien alburero. No por nada se aprecia en las reseñas de la visita una serie de menciones, que no venían al caso, sobre las complejidades del negocio de las vulcanizadoras.Pero bueno, el caso es que, liberado de sus responsabilidades, el señor Obama se lanzó desde temprano hacia la Villa para cumplir una manda que traía ya desde el año pasado, que se rumora tenía algo que ver con un ráscale que compró en un seven y que le reportó 200 dólares (esto sigue sin ser confirmado). Ahí mismo aprovechó para sonarse una guajolota y un champurrado que le cayeron de lujazo.Como ya era entrada la mañana se lanzó de compras al tianguis cultural del Chopo a ver qué regalos les compraba a sus niñas. A Malia Ann le encontró de volada una manga para no broncearse el brazo que tenía un grabado como de Ed Hardy que asemejaba un tatuaje long sleeve. Le batalló más con el regalo de su hija Sasha, porque al parecer casi todas las películas que se venden ahí son pornográficas, incluyendo ciertas que se grabaron a traición en moteles de la ciudad. Al final, como era natural, se decidió por lo clásico y le compró un disco pirata de El Coyote y su banda que incluye el famoso tema “Sentado en un hormiguero”.Cuando planeaba ir a la Condechi para observar a los hipsters paseándose en unas bicicletas de finales del siglo XIX, que son tan exclusivas que seguro usted jamás ha oído de ellas, fue jalado por una marea humana de profesores de algún estado del sur del país que tenían más de 30 años sin pararse en un salón, quienes protestaban contra el aumento de precio en las quesabritas y pedían juicio político al responsable de la Secretaría de Economía. Ahí conoció el México real, pues fue testigo de cómo los polis le abrieron el cráneo a un educador con una pala de construcción. Lo anterior dejó muy intrigado al presidente por el hecho de que los trancazos que se dan manifestantes y policías siempre son con puros utensilios de lo más rupestre.Superando el susto decidió que era hora de ir a quebrarse un pulquito. Esto último no llegó a ocurrir pues en el metro lo asaltó un reggaetonero de Coacalco con un punzón y la advertencia de que si no se caía con la lana lo picaba. Ante lo cual, el muy agachón, le zacateo y entrego su prenda más valiosa para regresarse a su hotel y prometer nunca volver a esta tierra de salvajes.Por cierto, debo decir que estoy encantado de conocer que los límites de la imbecilidad de la oficina de enlace de Secretaría de Relaciones Exteriores en la plaza Eximoda son inexistentes. Figúrese usted que habiendo hecho el pago por internet y llevando dicho pago impreso – en donde consta el monto, día, hora y la cadena relativa a dicho pago – me fue recibido y aprobado por dos funcionarias distintas, quienes el día de ayer – siendo necesitaba el pasaporte para el viernes, debiéndoseme entregar hoy tras una espera de once días naturales – me hablaron para avisarme que, como aparecía el logo del banco e información adicional a la del pago (del que no quedaba la menor duda se había hecho) no podían admitirme el trámite y tenía que llevar otra impresión ya sin esos datos. Por supuesto me dieron en la madre y a mí no me queda otra más que fregarme y cooperar con la cadena burocrática de estupideces. Por todo ello, y en especial por recordarme que hay gente que tiene frutilupis por cerebro: muchas gracias queridas burócratas, tengan la certeza que mañana recordare encarecidamente a sus madres.