Ventajas y peligros de las plataformas flexibles
En 2001, la marca británica Jaguar, entonces parte de Ford, puso en el mercado una de sus mayores equivocaciones. El X-Type estaba pensado para competir directamente contra el mayor éxito de los autos Premium de los años recientes (aún lo es hoy en día): el BMW Serie 3. El problema era compartir más que la plataforma con un Ford, el Mondeo. El menor de los Jaguar tenía tracción integral y no trasera y usaba tantas partes consideradas no nobles, que murió ocho años más tarde, tristemente conocido como “el Jaguar de los pobres”. Hoy, toda la industria está preparada para compartir cada vez más plataformas y partes. ¿Será una buena idea también para el mayor juez de todo esto, el consumidor?
Todo empezó en 2012, cuando el Grupo Volkswagen lanzó la primera aplicación de su revolucionaria plataforma MQB (del alemán Modularer Querbaukasten, o Plataforma Modular Transversal), el Audi A3. El desarrollo de esta plataforma nace de una idea brillante: hacer una base flexible, que permita que autos antes prácticamente idénticos, tengan ahora más diferenciación como distintas distancias entre ejes, voladizos diferentes y hasta anchos de vías desiguales. Con esta plataforma, la marca puede hacer autos que van desde el Polo hasta el Passat. De hecho, pretende hacer 40 vehículos sobre ella y para 2018, construir nada menos que 5 millones de automóviles con esta base común, lo que la va a ayudar a lograr su objetivo de ser la mayor del mundo, además la de más utilidades.
Ya hay cuatro vehículos construidos sobre esta plataforma: el Audi A3; el Seat León; el Skoda Octavia y el VW Golf. Todos tienen un sabor mucho más distinto de lo que antes tenían. El Audi es más ancho, por ejemplo. El León tiene mayor distancia entre ejes que el Golf y el Skoda más que el Seat, además de una cajuela mayor. El Golf tiene sus propias dimensiones, claro. Cualquiera que conduzca con frecuencia y algo de sensibilidad, sabe que alterar ese tipo de distancias cambia el carácter de un auto, aumentando su confort, la agilidad o la estabilidad.
Todos van por lo mismo
Tan buena es la idea, que casi todas las marcas ya están trabajando en plataformas similares. La Alianza Renault-Nissan, por ejemplo, ya tiene la suya y el primer vehículo construido sobre ella ya está a la venta en Estados Unidos, la Rogue 2015, que se llamará X-Trail en México y llegará en agosto a este país.
Sin embargo, no todo son flores y como cualquier idea o proyecto, hay críticas y formas distintas de ver sus resultados.
Ford, por ejemplo, fabricará la siguiente generación del Fiesta a partir de 2015 en su nueva y propia plataforma modular. A diferencia de la de VW, la base de los futuros autos que usarán el Óvalo Azul en la parrilla permitirá también variaciones de peso y rigidez entre los distintos autos, como una respuesta a un argumento que afirma que la MQB sacrifica los autos más chicos con peso extra, para otorgar más solidez a los mayores.
No es el único peligro, sin embargo. Al hacer más partes comunes entre una gama más amplia de autos, muy probablemente la industria use un solo proveedor para partes compartidas, en lugar de uno por modelo como es más normal hoy en día. Esto, obviamente, permitiría una gran economía de escala y puede ser un canto de sirena difícil de resistir. Pero imaginen que en un universo cada vez más vigilado por autoridades y consumidores, una falla en un componente en lugar de perjudicar a un auto, o a algunos determinados años de un producto X, puede dañar la reputación y el negocio en sí de toda una gama de productos, amenazando la integridad misma de las empresas.
Una de las que más riesgo corren es precisamente General Motors, que recientemente se vio involucrada en la mayor ola de llamados a revisión de su historia (y una de las más grandes de la industria en todos los tiempos, si no la que más). GM no sólo está construyendo su plataforma modular, sino que la está haciendo junto con el grupo francés PSA. Una parte mal hecha en este caso, puede dañar más de una empresa.
Sí, las plataformas modulares son el futuro inmediato de la industria. Producen ahorros en producción y diferencias entre productos antes demasiado parecidos. Pero no es la panacea. Nada lo es. Y si no se cuidan esos detalles, la “medicina perfecta” puede acabar matando al paciente.
Sergio Oliveira