Ideas

Una locura de la naturaleza llamada Naica

Allá en el norte, ya casi para llegar a Delicias, y no muy lejos de la ciudad de Chihuahua, a mano izquierda, o sea hacia el Poniente, en donde están unos cerros pelones y solitarios, se encuentra la mina de Naica, que es parte del grupo minero Peñoles. Aunque desde aquellos años del 1794, se descubrió que de las entrañas de aquellas serranías se podrían sacar algunos minerales interesantes, lo que nos atrajo ahora a esta mina, más allá de la importancia que tiene en la metalurgia actual por sus cuantiosas extracciones de oro (Au), plomo (Pb), plata (Ag), zinc (Zn), cobre (Cu), es que… ¡En su seno encierra una de las maravillas geológicas más impresionantes de nuestro planeta: los cristales más grandes del mundo! En julio de 1999, al tratar de seguir excavando a los 290 metros de profundidad una veta mineral en un túnel, los hermanos Delgado descubrieron está espléndida cueva, maravilla de la naturaleza. Habiendo sido “poblados” (asignada su posición y tarea) los hermanos en el crucero 4301/nivel 290 y perforar uno de los túneles exploratorios entre los intríngulis de los pasillos, rieles, montacargas, tiros, socavones, caminos, ductos y elevadores del contexto de los interiores de la mina, la barrena se fue en vilo en la pared, dejando un hueco por donde al asomarse, se encontraron con unos impresionantes y enormes cristales que parecían lanzarse en todas direcciones dentro de una formidable cueva. -“Nos sentimos como si estuviéramos dentro de una enorme geoda. Era impresionante ver aquellos cristales ir de un lado al otro de la cueva sin razón alguna. Así grandotes, incoloros y cristalinos; sólo con la transparencia óptica característica de la selenita, veíamos que se cruzaban como hielos que fueran, por todos lados”- nos platicaban con emoción los dos Delgado, mientras bebíamos cerveza bajo uno de los mezquites de la plaza de la pequeña población de Naica Quizá algunos de nosotros hemos admirado un pequeño cristalito mineral, que con sus breves centímetros de longitud nos ha causado azoro. Aquí, a 290 metros bajo tierra, estos cristales de 12 y 15 metros de longitud y dos o tres de grueso, ya podrán imaginar la impresión que se siente al estar parado entre ellos. -“La temperatura ahí adentro, llega a los 50° centígrados, con una humedad del 99%, por lo que no  se puede estar ahí más que unos minutitos, a causa de que la temperatura del cuerpo se sube hasta más de 41º; el corazón, los pulmones y el cerebro se apachurran y… se muere uno rapidito”- nos decían mientras apretaban contra el pecho muy sonrientes su cerveza bien helada. -“Los enormes cristales son de Selenita (CaSo4 2H2O)- nos decían. -Es un sulfato de calcio hidratado (con alto contenido de agua), una variedad del yeso que al haberse encapsulado en esa burbuja de la tierra y teniendo muy cercano (cinco mil metros) un enorme campo de magma (roca líquida a altísima temperatura), la naturaleza, en el curso de miles y millones de años, con los gases y líquidos saturados de las sales de sulfuros que penetraban entre sus grietas y fracturas, formó estos cristales monumentales, que son joyas patrimonio de la humanidad- nos explicaban con evidente orgullo y conocimiento del asunto. Ahora bien; es bueno aclarar, que visitar la “Cueva de los Cristales” no es nada fácil. Nosotros tuvimos la suerte de conseguir el permiso por conducto de nuestros amigos de una compañía minera con quien Peñoles tiene estrechas relaciones. Meses antes solicitamos el permiso; y después de haber demostrado el propósito cuasi-científico de nuestra expedición, se nos autorizó la visita para un día exacto y a la hora precisa, habiéndonos advertido de los riesgos inherentes. Últimamente, un prestigioso equipo de científicos, exploradores y fotógrafos, utilizando trajes congelados, sofisticados equipos de respiración, y corriendo grandes riesgos, pudieron hacer un maravilloso documental sobre la cueva, y  varios libros con asombrosas fotografías. Vale la pena buscarlos en conaculta. N.B. Como dato curioso: en los pocos minutos que pudimos estar dentro de la cueva, como todo estaba empapado de agua y sudor y los lentes de la cámara empañados, opté por dar un lametazo al lente para despejarlo, antes de sacar cada fotografía.
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