¿Cuánto tiempo tiene usted que no va al zoológico? ¿Gobernaba el estado Rivera Aceves? Bueno, antes que nada, hay que decirle que es absolutamente normal, un viaje a la barranca no es cosa de diario – salvo, evidentemente, para quien viva en la barranca. Sin embargo, es de destacar que el zoológico que usted conoció ya no es ni de chiste el mismo, pues las distintas gerencias han hecho trabajos serios por ponerlo al fregadazo.
Lo que sí es que uno debe ir ya listo para lo siguiente:
(i) Hablar con sus hijos de la masturbación. Si usted consideraba prudente darle tiempo a “aquella plática” que pensaba tener con sus retoños, sépase que al pasar por la zona de los monos, tendrá que encontrar la forma que le parezca más apropiada de encarar el tema, pues, irremediablemente habrá un mono capuchino que se está pegando una de aquellas que ruborizaría al mismo Calígula.
(ii) Maximiano Barbosa ya no está enjaulado. Contrario a lo que pudiera pensarse, el antiguo dirigente de El Barzón y diputado del ahora extinto Partido del Trabajo – cheque nomás la fauna – no se encuentra enjaulado junto con otros animales de rapiña, y es que, aparentemente, cuando los polis de Bebeto le pusieron aquella moquetiza simplemente le acomodaron tantito las ideas y todos aquellos rumores de que lo traían enjaulado y en una dieta a base de sobras de McDonlads fueron solamente eso, rumores.
(iii) El Skyzoo es un paraíso para suicidas. Siendo una de las atracciones más modernas del lugar, el Skyzoo – o paseo aéreo – es el lugar por excelencia para irse de este valle de lágrimas con más estilo que inyectarse Krokodril. Calculo a ojo que, en su punto más alto, aquello deberá medir unos quince o veinte metros, así que si usted quiere hacer la daga de brincar y encima caerle a alguien, para que lo acompañe en la barca y así no ir solo con Caronte, no le piense más.
(iv) Siempre va a haber alguien diciendo mentiras. Normalmente el jefe de familia. Así, es común que mientras usted está viendo a los jaguares, no falta el señor con una camiseta del Señor Frogs (one tequila, two tequila, three tequila) que le explica a su hijo que “esos cabrones animales llegan a medir ocho metros”. El por qué hacen esto resulta tarea para publicaciones profundas por parte de terapeutas familiares.
(v) No falta el que le da de comer chile a las jirafas. El Safari Masai Mara incluye actividades interactivas con animales africanos como las jirafas, así, quien se echa el tour recibirá un puñado de zanahoria picada para crearles a los animales un ánimo de convivir con sus principales depredadores. Sin embargo, no es raro que Cañedo – supervisor de obra que siempre lleva consigo unos chiles piquines porque si no la comida no le sabe a nada – decida hacer la daga de enchilar a la jirafa y con ello poner a parir chayotes a los veterinarios que no sabrán como frenan la diarrea galopante que le provocaron.
(vi) Los guías del safari están mal equipados. Sin que refleje completamente el costo, uno no puede sentir sino lástima por los guías de dicho safari, a quienes simplemente se les compró metro y medio de retazos de Telas Junco y se les amarraron al aventón sin considerar que hasta el propio Sixto – cuando actuaba como Aminowana – estaba mejor equipado.
¿Cuánto tiempo tiene usted que no va al zoológico? ¿Gobernaba el estado Rivera Aceves? Bueno, antes que nada, hay que decirle que es absolutamente normal, un viaje a la barranca no es cosa de diario – salvo, evidentemente, para quien viva en la barranca. Sin embargo, es de destacar que el zoológico que usted conoció ya no es ni de chiste el mismo, pues las distintas gerencias han hecho trabajos serios por ponerlo al fregadazo.
Lo que sí es que uno debe ir ya listo para lo siguiente:
(i) Hablar con sus hijos de la masturbación. Si usted consideraba prudente darle tiempo a “aquella plática” que pensaba tener con sus retoños, sépase que al pasar por la zona de los monos, tendrá que encontrar la forma que le parezca más apropiada de encarar el tema, pues, irremediablemente habrá un mono capuchino que se está pegando una de aquellas que ruborizaría al mismo Calígula.
(ii) Maximiano Barbosa ya no está enjaulado. Contrario a lo que pudiera pensarse, el antiguo dirigente de El Barzón y diputado del ahora extinto Partido del Trabajo – cheque nomás la fauna – no se encuentra enjaulado junto con otros animales de rapiña, y es que, aparentemente, cuando los polis de Bebeto le pusieron aquella moquetiza simplemente le acomodaron tantito las ideas y todos aquellos rumores de que lo traían enjaulado y en una dieta a base de sobras de McDonlads fueron solamente eso, rumores.
(iii) El Skyzoo es un paraíso para suicidas. Siendo una de las atracciones más modernas del lugar, el Skyzoo – o paseo aéreo – es el lugar por excelencia para irse de este valle de lágrimas con más estilo que inyectarse Krokodril. Calculo a ojo que, en su punto más alto, aquello deberá medir unos quince o veinte metros, así que si usted quiere hacer la daga de brincar y encima caerle a alguien, para que lo acompañe en la barca y así no ir solo con Caronte, no le piense más.
(iv) Siempre va a haber alguien diciendo mentiras. Normalmente el jefe de familia. Así, es común que mientras usted está viendo a los jaguares, no falta el señor con una camiseta del Señor Frogs (one tequila, two tequila, three tequila) que le explica a su hijo que “esos cabrones animales llegan a medir ocho metros”. El por qué hacen esto resulta tarea para publicaciones profundas por parte de terapeutas familiares.
(v) No falta el que le da de comer chile a las jirafas. El Safari Masai Mara incluye actividades interactivas con animales africanos como las jirafas, así, quien se echa el tour recibirá un puñado de zanahoria picada para crearles a los animales un ánimo de convivir con sus principales depredadores. Sin embargo, no es raro que Cañedo – supervisor de obra que siempre lleva consigo unos chiles piquines porque si no la comida no le sabe a nada – decida hacer la daga de enchilar a la jirafa y con ello poner a parir chayotes a los veterinarios que no sabrán como frenan la diarrea galopante que le provocaron.
(vi) Los guías del safari están mal equipados. Sin que refleje completamente el costo, uno no puede sentir sino lástima por los guías de dicho safari, a quienes simplemente se les compró metro y medio de retazos de Telas Junco y se les amarraron al aventón sin considerar que hasta el propio Sixto – cuando actuaba como Aminowana – estaba mejor equipado.