Ideas

Un soldado con síndrome de Down

Como cualquier ser humano, chicas y chicos con Síndrome de Down aspiran, con marcada impaciencia y notoria pasión, convertirse en personajes, reales o ficticios, que han visto o conocido. Esteban Martines Ramos, regiomontano de nacimiento, no es la excepción, su gran ilusión es ser soldado del ejército mexicano. Para felicidad de Esteban y ejemplo social, su sueño se ha convertido en inimaginable realidad. Hace unos días, con inusitada generosidad de carácter totalmente incluyente la alta jerarquía de la Cuarta Región Militar abrió las puertas de sus instalaciones, mismas que Esteban recorrió de Norte a Sur y de Oriente a Poniente, enfundado, por supuesto en uniforme militar.

Sin duda ha sido el día más feliz en la vida de este chico con Síndrome Down, felicidad alcanzada gracias al gesto de inclusión que jefes de alto rango militar decidieron hacer. El singular y plausible ejemplo no debería detenerse en Esteban, manda un mensaje de inclusión que bien merece ser imitado, no solo por el ejército, sino por toda la cantidad de instituciones públicas y privadas de nuestro país. Este caso envía con su generosidad un claro mensaje: la cercanía con estas personas conduce a la dialéctica de la discapacidad, no olvidemos que el desconocimiento provoca rechazo; seguramente algunos de los militares que acompañaron a Esteban en su recorrido, por cierto en vehículos militares, vivieron experiencias que no tenían presupuestadas, por lo menos debieron haber entendido que la indiferencia es una fácil y cómoda forma de evasión que se tendrá que erradicar.

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Ernesto se considerará soldado del ejercito mexicano por el resto de sus días, la lealtad, insita a los militares estará presente en este nuevo miembro. El ejemplar suceso ocurrido en la Cuarta Región Militar nos lleva a preguntarnos ¿será mucho pedir que este ejercicio virtual que vivió Esteban se convierta en un hecho real? ¿Sería mera ilusión que ciertos puestos de intendencia fueran ocupados por jóvenes con Síndrome Down? Ya lo dice G. Zaid, “una utopía es una verdad prematura”. >

El ejemplo vale también para todas aquellas grandes empresas del sector privado que cuentan con miles de empleados, y que con un firme convencimiento de inclusión podrían rescatar a miles de niñas y niños que viven encerrados en el infierno de sus frustraciones; dejemos de ser una sociedad con escasa cultura humanitaria y además cargada de moralina.

Habremos de convencernos que la existencia y presencia de personas con discapacidad, no son un problema, son una solución, nos enseñan a quitarnos la venda de los ojos en cuanto a nuestra actitud materialista y peligrosamente hedonista, lo que no es poca cosa para estos convulsos e indescifrables tiempos: “la sociedad del espectáculo” ( Vargas Llosa dixit). >

Nos hemos preocupado a través de siglos y siglos por descubrir el porqué y el para qué de las personas con discapacidad, mientras tanto en esta inútil búsqueda tan sólo se ha hecho la crónica de un tiempo perdido, tiempo en el que los hemos abandonado a su suerte.

Futbolistas, beisbolistas, bailarines, artistas de cine, teatro y televisión, doctores, comerciantes, meseros, cocineros, reporteros, ingenieros, archivistas, mensajeros, auxiliares de cualquier auxilio y mil etcéteras más, son aspiraciones que viven almacenadas en las tundras de la memoria de anhelos de personas con algún tipo de discapacidad. Recuerdo aquel viejo y sabio proverbio que dice: “todo hombre será justo y honrado si mide sus derechos con la regla de sus deberes” ¿Actuaremos?... sabe. >

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