Un Telegrama Zimmermann en 2017
Un día como hoy, hace cien años el congreso norteamericano resolvía autorizar al presidente de dicho país a librar una guerra en contra del Imperio Alemán. Con esto, la paridad de fuerzas que había caracterizado el frente Occidental en la primera guerra mundial se trastocaba y significaba el golpe de knock out para Alemania y Austriahungría.
Sin embargo, el cómo es que llega Estados Unidos a ser parte de esa guerra es algo curioso, y es que, si uno lo analiza, el espíritu imperial de los norteamericanos – a nivel europeo al menos – no comenzaría sino con su participación en la primera guerra, ahí se daría cuenta de su real peso en el concierto internacional y lo colocaría como la gran potencia económica mundial, desbancando a la Gran Bretaña. Y digo que es curioso pues, contrario a lo que ocurrió en otras guerras, la llamada Gran Guerra fue un conflicto poco popular en Estados Unidos, la gente no sentía un llamado a defender ningún principio como pudiera argumentarse – con sus respectivos asegunes – en los casos de la Segunda Guerra Mundial, Corea o Vietnam. Aún más, dentro de Estados Unidos, derivado de las grandes migraciones de europeos del siglo XIX, existía una importante población germana que inclinaba a una relativa simpatía hacia esos países.
Sin embargo hay dos eventos que los historiadores suelen marcar como los puntos torales para la determinación de entrar a la guerra. Uno es el hundimiento del barco Lusitania en el año 1915 – en donde perdieron la vida 128 pasajeros estadounidenses de 139 que viajaban en el trasatlántico – y el otro el famoso Telegrama Zimmermann.
Este, usted recordará es el real o supuesto mensaje que el ministro de relaciones exteriores del Imperio Alemán, Arthur Zimmermann, envió a su embajador en México, el conde Heinrich Von Eckardt en donde se invitaba al todavía turbulentamente revolucionario México a entrar en guerra contra Estados Unidos, prometiendo asistencia de material de guerra, y la expectativa de recuperar Texas y los territorios perdidos en 1848.
Mucho se alega sobre si en realidad existió dicho telegrama, si lo plantaron los ingleses sin conocimiento americano o si fue un montaje angloamericano para que, al sentir la amenaza a su propio país, los Estados Unidos se animaran a dar el paso definitivo y entrar a la guerra en contra de Alemania.
Sin embargo, habiendo visto el efecto que tuvo dicho telegrama, uno debe preguntarse si es que existe una posibilidad de que – ante la creciente ola de animadversión hacia lo mexicano en Estados Unidos y la urgente necesidad de apuntalar apoyo a la presidencia de Trump – se corriera la voz, con verdad o sin ella, de que México planea aliarse con algún enemigo de Estados Unidos, sea China, Irán, Corea del Norte o el que usted quiera o guste. Puede usted entender que ni siquiera seríamos importantes en ese sentido, sino que simplemente se aprovecharían del recelo natural para comenzar su verdadero conflicto.