Temas para reflexionar
Las clases sociales no pueden desaparecer ni aún en la sociedad comunista del mundo. La estratificación de la sociedad humana es prácticamente un predicado biológico. Refleja la diversidad de capacidades congénitas de la raza humana. Aun suponiendo que por arte de magia se pudieran borrar todas las diferencias sociales y económicas de un pueblo, no pueden borrarse las diferencias de talento y entendimiento. Al día siguiente los individuos más hábiles —que son los menos- comenzarían a dirigir a los menos hábiles— que son los más-. En un santiamén, esa comunidad volvería a estar gobernada por una oligarquía con su propia burguesía. Las clases sociales, quiéranlo o no los puros del comunismo primigenio, expresan un aspecto distintivo de la condición humana.
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Donde un hombre —negro, amarillo, indio o blanco— sufre el efecto de un prejuicio racial, la humanidad entera se halla ultrajada y disminuida. En cualquier lugar en que el odio racista se manifieste, lo que se plantea para toda conciencia libre es la cuestión de saber si existe, como un conjunto, el linaje humano.
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Cuando el tema de una plática le interesaba a mi padre, sus ojos parecían adormecerse, pero una taquigrafía interior estaba poblando de ocultos signos el cuaderno invisible de su memoria.
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Todos los gobiernos han acudido siempre a un inventario impresionante de recursos para manosear cotidianamente la información, para deformarla, para presentar nuestra realidad de todos los días como un edén que ya se vislumbra. Si las cosas andan mal, las explicaciones abundan y la solución está próxima. Los editoriales cultivan el dogma, la ortodoxia del pensamiento político de quién manda, si la crítica al Gobierno se hace sentir, la publicad gubernamental es reducida. El “dineroducto” se inicia en las arcas del poder y se ramifica a través de una amplia red en todos los espacios del organigrama. En el inventario de los recursos están también las concesiones, las alianzas, el “pan y palo”. Mediante este fino y artesanal enrejado, se constituye la cárcel para el sometimiento a los intereses del poder.
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Calderón de la Barca, poeta, sacerdote y dramático español, en su poema “La vida es un sueño”, se plantea el problema del sentido de la vida humana al preguntarse: “¿Qué es la vida? Una ilusión /, una sombra, una ficción /, y el mayor bien es pequeño /: que toda la vida es sueño / y los sueños, sueños son.
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Algo está pasando indudablemente. Acaso existe razón cuando se afirma que el síntoma por excelencia de la crisis de la humanidad en estos momentos, es que el idioma está perdiendo contenido y significación. Cada vez son más universales y asequibles los medios que permiten a los hombres intercomunicarse, enterarse del acontecer, del pensamiento que se aventura y de las viejas verdades que se desmorona o se remozan. Pero, las palabras ya no unen, sino separan. Paz, amistad, pueblo, revolución, progreso, justicia, orden, belleza, amor, libertad, no significan lo mismo para todos los hombres; hay una deformación por oportunismo, una disminución por cobardía, una falsedad inicial en la forma como se interpretan y se manipulan esos y muchos otros términos, pese a que con ellos se juegan valores trascendentales para todos los hombres, —o quizá por ello mismo.