Ideas
Temas para reflexionar
Históricamente, en el cobro de impuesto el presidente más nefasto para nuestro país fue sin duda Antonio López de San Anna, quien en su megalomanía se hizo llamar Benemérito de la Patria en grado heroico, gran Almirante y Mariscal de los ejércitos, si Alteza Serenísima y Príncipe Presidente y finalmente se conformó con el de Gran Dictador. Este personaje fue nada menos que el precursor del impuesto sobre la tenencia y uso de vehículos. Ante la insuficiencia de recursos mientras le llegaban siete millones de pesos de los 10 en que vendió el territorio de La Mesilla a los Estados Unidos, otorgó concesiones para abrir tabernas, cantinas, casas de juego y prostíbulos, así como concesiones para practicar impunemente el contrabando. Se decretaron contribuciones de emergencia y gravámenes apremiantes para financiar las quebradas arcas del Gobierno. Cobraron dos pesos por canal, por medio de los cuales estaba entonces comunicada la capital; un peso por cada pulquería, hotel, café y fonda que contara con una sola puerta, y tres pesos si tenían más. Medio real por cada puesto fijo o ambulante, y cinco pesos por cada coche, carretela o carruaje de cuatro asientos; dos pesos y medio por los de dos asientos, y de tres a cinco pesos los carruajes de alquiler. De aquí podría inspirarse nuestro gabinete económico, en donde encontrará que también se cobraba un peso mensual por cada perro y cada animal doméstico. Las penas que se imponían a los infractores no eran muy distintas de las que se aplicaban hace apenas unos años: desde tres tantos de la multa por no hacer el pago, hasta la confiscación de los animales... Todas las acciones de Gobierno tienen su historia. La vida, antes de matarnos por vez última y definitiva, ensaya en nosotros infinidad de modos de muerte: la soledad, la traición, el abandono, la enfermedad, los inmensos males del mundo que llueven sobre nuestra conciencia, un país brutalmente injusto, una creciente cantidad de seres dedicados a envenenar, prostituir y enfermar a nuestros hijos. ¿Algo más? Estamos obligados a preguntarnos cómo es que nuestro país ha extraviado su vocación humanista de siempre, para convertirse en un infierno para cualquier emigrante que tiene el infortunio de pisar nuestro territorio sin documento alguno que acredite su legal estancia. El trato vejatorio que damos a multitud de desheredados que buscan en el Norte un pan de satisfacción para sus hijos, nos equipara lamentablemente a la ferocidad, saña y encarnizamiento que los norteamericanos muestran para nuestros connacionales. Hoy día, al igual que en los tiempos de Diógenes, de nuevo se ha vuelto difícil encontrar al hombre; en su lugar pululan las improvisaciones y los remedos en el carnaval permanente en que se va convirtiendo la vida. El escritor y dramaturgo Bernard Shaw escribió: “En la democracia, las arbitrariedades de una minoría corrompida se sustituyen por las barbaridades de una mayoría incompetente”.