Ideas
Se fue la luz
Medio dormido cuando me levantaba este jueves pasado, escuché –que no vi por estar con los ojos cerrados– en las noticias de la tele que en el aeropuerto de la Ciudad de México se habían quedado sin luz y que alrededor de 100 vuelos no habían podido salir de la capital o llegar a ésta. Me dio risa y a la vez me dio pena. Sólo en este país pueden suceder estas cosas y a la vez no pasa nada. En verdad que no pasa nada. Al final del día los datos fueron más contundentes: 237 vuelos resultaron afectados luego de que una falla por sobrecalentamiento de un transformador que dejó sin energía eléctrica al aeropuerto internacional de Ciudad de México. Dicen los que escucharon, que en un vuelo procedente de Tijuana a la capital del país de las primeras horas de la mañana, se dejó oír a la azafata pidiendo a los pasajeros que les echaran “aguas” si veían pastito a un lado de su ventanilla, porque así se la iba a aventar el muy osado piloto de la aeronave… ¿no me la creen? Les digo que en este país no pasa nada, ni quién se inmute ni diga algo. ¿Tienen idea de cuánto se perdió en horas-hombre, en turbosina, en traslados de otros aeropuertos a la misma Ciudad de México y en todo lo que en esos 237 aviones tuvieron que perder? Dijeron los funcionarios de la terminal aérea que lo sucedido la noche del miércoles se debió a un corto circuito que quemó los cables que iluminan las pistas y guían a los pilotos al aterrizaje y en sus despegues. ¿Y las plantas de luz que deben estar listas por si fallan estas cosas? ¿Qué cree? Pues que también se quemaron con la sobrecarga de energía que tuvo ese corto circuito. Increíble y pasa a la posteridad por el único y pequeño detalle que el aeropuerto de la Ciudad de México es el más importante del país y de América Latina, al atender anualmente alrededor de 26 millones de pasajeros y ofrecer vuelos directos a más de 100 destinos en el mundo. ¿Poca cosa, no verdad? Aquí en Guadalajara ya estamos acostumbrados a quedarnos “sin luz” con cualquier llovizna de verano. Bueno, no sólo en Guadalajara, la verdad es que casi en cualquier ciudad de esta hermosísima República Mexicana es cosa de todos los días, pero en el aeropuerto Internacional de la Ciudad de México no, no es posible y no es aceptable de ninguna forma. En el transcurso del mismo jueves ya se habían normalizado las actividades de la terminal, pero no se descarta que este tipo de situaciones sigan pasando. Rogamos a Tláloc que ya no haga de las suyas en forma tan severa y que cuando lo haga, que no truene transformadores y haya otro tipo de sorpresas aéreas ni en la capital de la República ni en ningún aeropuerto del mundo. No vaya a ser que el piloto nos pida que le echemos “aguas” para aterrizar. COMENTARIOS: ramongodinezortiz@gmail.com