Santa Cecilia, nuestro Villas de Salvárcar
Santa Cecilia, patrona de los músicos, es una violenta colonia popular de Guadalajara. Esta semana, Margarita Lizette Guerrero Álvarez (Teté), de siete años, murió por balas entre pandillas juveniles que tienen sitiada la colonia y controlan los ingresos (notas de Milenio 2 y 4/10/12). “Santa Chila” puede ser nuestro Villas de Salvárcar juarense. Nos toca de cerca lo que ahí suceda, o en otras zonas urbanas marginadas. No importan las demarcaciones municipales.
Hay puentes invisibles y responsabilidades visibles que nos vinculan a todos en una ciudad. Jóvenes y adultos, cuando tienen la fortuna de un empleo, son tal vez quienes construyen los lujosos cotos de las zonas de más alto poder adquisitivo de la urbe. O los franeleros y limpiaparabrisas de Chapultepec y el centro; transitan con la esperanza de ser invitados a un proyecto de vida, de saciar el hambre. Tienen miedo de salir de noche en su misma cuadra, sobre todo ellas; han acumulado en la piel años de indiferencia y rechazo; los obstáculos los han curtido en paciencia, pero también algunos contienen una explicable ira que es posible poner en diálogo e integrar de una manera sana. Son parte de un “nosotros” por construir; sus cuitas deben ser nuestras.
Santa Cecilia, balcón urbano sobre la barranca, fue fruto de la voracidad inmoral de fraccionadores urbanos y autoridades municipales cómplices (tesis doctoral en París de Margarita Sánchez Van Dyck, EHESS, 1979). La presencia de ONG’S y órdenes religiosas mitigaba esa desigualdad que no es cristiana ni humana. En los setenta, fue sede de un Encuentro Internacional de Jóvenes con monjes de Taizé, Francia. Carlos Núñez, fundador del Instituto Mexicano para el Desarrollo Comunitario (IMDEC), y Graciela su esposa, ambos educadores populares tempranamente fallecidos, hicieron de Santa Cecilia su hogar por años. Carlos, arquitecto, formó en horas libres una banda musical con vecinos.
Hoy, las pandillas urbanas reflejan fallas prolongadas de atención de sociedad y gobierno. A la policía corresponde parte de su contención, como garantizar un corredor seguro para el tránsito de las personas; eliminar el miedo.
Pero iluminar calles, evitar la sordidez de espacios públicos, formar en relaciones pacíficas en escuelas, iglesias, sindicatos, familias; instalar talleres; generar bienestar, invertir en centros comunitarios y bibliotecas de calidad, es tarea plural. Urge sentar a la misma mesa a las instituciones y organismos que tengan que ver con restañar el tejido social, y trazar un abordaje integral: escuelas, DIF, áreas municipales y estatales de desarrollo social, equipamiento, transporte público; ONG’s expertas en buenas prácticas ciudadanas, prevención de violencia contra las mujeres, rehabilitación y prevención de adicciones. Universidades que puedan ayudar a consolidar programas y compromisos (un arquitecto del Iteso, Alejandro Efraín Fajardo Ibarra, acaba de ganar el premio “Ciudades Humanas Ciudades Incluyentes” de ONU-Habitat con una propuesta integradora). Toca crear, bajo la guía de la patrona Santa Cecilia, bandas musicales y una orquesta infantil y juvenil. Más valen violines que pistolas en manos de los jóvenes.