Preservación
La Real Biblioteca del Palacio Real de Madrid acaba de anunciar la completa digitalización del documento conocido como “Cancionero de Palacio”, colección musical manuscrita conformada entre los siglos XVI y XVII en la que se encuentran piezas vocales de la época, anónimas en su mayoría, aunque en más de cincuenta casos aparecen consignados los nombres de sus autores. Se trata de un espejo fiel que refleja una época bien delimitada de la historia musical, favoreciendo su investigación y su mejor conocimiento.
Pero el hecho de que se obtenga una copia digital con la mayor fidelidad posible hasta el día de hoy no es lo más relevante del caso, pues finalmente es una medida que ya están emprendiendo en mayor o menor escala las grandes bibliotecas del mundo, incluida —hay que decirlo— la Biblioteca Nacional de México. Así pues, lo destacado de la noticia es que el documento digitalizado ha sido puesto a disposición en internet sin ningún tipo de restricción.
Los documentos musicales de este tipo son en esencia una extensión de la percepción humana. Desde su aparición —e independientemente de su soporte— han permitido que las manifestaciones expresivas que contienen y trasciendan la barrera de la experimentación directa. Así pudieron en su momento concentrarse piezas provenientes de diversos contextos y creadores, y así también es como ha podido extenderse su interpretación y divulgación a pesar de los siglos transcurridos desde su inscripción.
Si bien el tipo de conservación que posibilita la digitalización es de tipo virtual, lo cierto es que aunque la forma se vuelva intangible, el contenido —que es lo realmente importante— se mantiene intacto. Se garantiza de esa manera su inalterabilidad y se facilita su consulta a través de un medio que funciona de forma inmediata y que no provoca desgaste material.
Acciones de este tipo marcan una pauta clara, están definiendo lo que será la norma en el tema de la preservación documental. Es posible afirmar que quizá la etapa previa a la digitalización se considere pronto como una proto-historia, una etapa de incertidumbre donde la trascendencia de las fuentes documentales dependía de la supervivencia de su constitución material.
Por el momento, pareciera que los pocos acervos musicales que hay en nuestra ciudad tardarán aún en entrar en esa etapa digital, no obstante, los continuos avances de los que se va teniendo noticia apremian a que estos se puedan al menos terminar de localizar y catalogar para que puedan ser valorados y promovidos pronto a ser parte de iniciativas de este tipo.