Preguntas tontas
A muchas personas les es incomprensible que otras tengan el afán de salir a recorrer el mundo como el que esto escribe tiene ese afán, sobre todo deambular por donde han existido culturas milenarias, en esta colaboración daré a conocer a mis amables lectores algunas cosas curiosas o chispeantes que ocurren en todo viaje, en este caso en Egipto.
Hay recorridos sobre todo los más largos o más lejanos, en los cuales por necesidad se tiene que viajar en grupo con los necesarios guías y con ellos me gusta platicar al terminar el viaje los cuales me han manifestado sus mortificaciones y sus quejas por los problemas en que los meten los turistas; quizá por la desinformación que tienen del lugar que se visita y como es más fácil preguntar que averiguar o quizá pensando que los guías servimos lo mismo para un barrido que para un fregado me dijo el d e este recorrido que de inmediato surgen las preguntas que nos meten en apuros por ejemplo ahora que estamos en Egipto al estarles hablando de la reina Nefertiti, esposa del faraón Amenofis IV causante de la revolución religiosa, una turista me interroga: Oiga, ¿de color tenía los ojos esta reina que dice que fue tan bonita?, y a sufrir para dar la respuesta, pues como yo no la conocí personalmente y los historiadores no tuvieron la curiosidad de indagarlo solo me limité a decir: Mire, dicen que su nombre significa: “La mujer hermosa que aquí viene”, que tuvo 6 hijas, una de las cuales se casó con Tutankamón uno de los faraones más famosos”.
De inmediato otra turista (al fin mujer) me pregunta: Oiga, ¿Nefertiti era más bonita o más feíta que Cleopatra? Y mi respuesta fue: La extensión de ese pasado histórico comprende más de 4 mil años de ahí que es difícil darle una respuesta precisa, pero lo que si le puedo comentar es que una de ellas solo sobrevivirá a la indiferencia y al olvido y la otra, a pesar de que yo ya soy casado, todavía tengo mis ojos solteros, por eso, la veo y la seguiré viendo muy bonita como lo manifiesta la escultura que afortunadamente todavía se conserva en el museo.
Dicen que lo caro no son los viajes, sino lo que es caro, cuando se viaja, es saber porqué y para qué se hace y una vez más lo comprobó una turista que por cierto era Mexicana la cual, quizá como ella dijo: “Por la falta de ignorancia” lo que le interesaba era comprar tiliches y chucherías de ahí que, cuando yo traté de explicarles y darles una idea del desaparecido esplendor de la ciudad de Luxor solo comentó: “Las mismas piedras viejas que ya vimos allá, las estamos viendo otra vez aquí” ¿Cuándo nos vamos de compras? Lo que hizo que más me apachurrara y deseara cambiar de profesión.
En otra ocasión, en vez de darle al violín, le di al violón pues a una turista para no ofenderla al llamarla le dije: “Señorita” pero ella muy molesta me dijo: ¡Que señorita ni que señorita! “Soy señora, señora de nadie pero ya señora” por eso ahora para no fallarle a toda turista mujer solo le digo “doña”.