Ideas

Plaza Zaragoza

Luego de haber apreciado las salas del Museo Metropolitano, fuimos cautivados por una escultura de un corcel con un general sobre un pedestal rectangular, animado por una fuente en su parte baja; el erguido general, mirando sobre su izquierda el horizonte de su querido poblado, la mano izquierda sosteniendo las bridas y la derecha levantada a nivel de hombro y extendida, indicando con el dedo índice el rumbo a seguir. Ignacio Zaragoza, oriundo de Tejas (Texas), sus padres adoptaron Monterrey cuando su terruño dejó de ser mexicano, lugar donde estudió en el Colegio Seminario, después se ocupó en el comercio y posteriormente, por 1852, decidió ser militar; se destacó de grado en grado por su entrega, inteligencia y amor a su labor, hasta llegar a ser nombrado general. Francisco R. Almada nos dice: “Las tropas invasoras francesas, bajo el mando del general Carlos Fernando de Latrille (Conde Laurencez), prosiguieron la marcha sobre la ciudad de Puebla, se verificaron la escaramuza del fortín en donde el coronel Félix Díaz quemó los primeros cartuchos en la guerra de Intervención Francesa y el Imperio, el combate de las cumbres de Acuitzingo y la batalla del 5 de mayo de 1862, en la que el General Zaragoza, al frente de un cuerpo de tropas mexicanas improvisadas, derrotó a los invasores en los cerros de Loreto y Guadalupe de la ciudad de Puebla”. Participaron en la gloriosa lucha los regiomontanos: coronel Lázaro Ayala, mayor Adolfo Garza, comandante Pedro Martínez y muchos más. Juan Crouser delineó en 1796 el plano de Monterrey, entre otros proyectos, el centro de la cuadricula era la Plaza Mayor, de 14 varas (0,838 m.) en cuadrado. Espacio que sirvió de coso en varias ocasiones y en otras dio cabida a ferias. En 1853, se instalaron “32 sofás de cantería y mezcla, dobles, perfectamente labradas”, luego, “igual número de faroles de un tamaño regular, colocados simétricamente en pies derechos, de fierro, pintados de verde”. Para 1864, cuando Juárez visitó el poblado de montes, nombró a la Plaza, “Zaragoza”. Ese año se instaló una fuente de mármol, de Mateo Mateis, y en 1894 se puso el kiosco embellecido por sus esculturas de bronce, que representan las Cuatro Estaciones. Para 1960, se creció el espacio, anexando la calle Sor Juana Inés de la Cruz, y dos años después se ratificó su nombre con la escultura del general, concebida por su tocayo Asúnsolo. En 1980, se adosó a, “La Gran Plaza” (Macroplaza), y vaya que es grande, se tumbó el caserío de 40 manzanas, entre la Plaza Zaragoza y la Plaza del 5 de Mayo. Enseguida de mirar al célebre general, le dimos una vuelta al romántico kiosco. A unos pasos observamos el Faro del Comercio y la Fuente del Comercio, obras proyectadas por el talentoso Luis Barragán y construidos por Raúl Ferrara. Caminamos lerdamente por la sensacional plaza, salpicada por esculturas y fuentes, bancas por doquier, muchas sombreadas por frondosos árboles, jardineras floridas, y varias personas gozando de los agradables espacios, incluyéndonos. Llegamos al Parque Hundido (que ocupa el centro de la plaza), y admiramos varias esculturas: La Juventud y Los Niños, de Ponzanelli; La Maternidad, de Federico Cantú; La Fuente de la Vida, donde sobresale Neptuno en cuacos, de Luis Sanguino; El Obrero, que evoca a su gremio, engrane esencial en la armonía social. Más adelante miramos, El Caballo, de Fernando Botero, de 3.4 metros de altura, y luego la emblemática “Explanada de los Héroes” (antes Plaza del 5 de Mayor), donde lucen preciosas esculturas, sobre caballo: Mariano Escobedo y José María Morelos, obra de Sanguino, héroes que miran al cautivador Palacio de Gobierno. Sobre altos pedestales y de pie, están: Benito Juárez, con la bandera nacional en su mano derecha y un águila con las alas extendidas a un lado, monumento de la plaza antecesora, y Miguel Hidalgo, con el estandarte de la Virgen morena (de Sanguino), en el basamento del primero yacen (desde 1984) los restos de Francisco Naranjo, José Silvestre, José María Mier y Bernardo Reyes, y en el segundo: Pablo González, Juan Zuazua y Antonio I. Villareal, custodiado por bizarros leones. Héroes que lucharon y se entregaron por un mejor país. El gobernador Alfonso Martínez citó en su último informe, respecto a La Gran Plaza: “Es seis veces mayor que el Zócalo de la Ciudad de México; cinco y media veces más que la plaza del Vaticano; cinco veces mayor que la plaza de San Marcos, y dos veces y media más grande que la plaza Roja, de Moscú; y todas juntas casi caben en nuestra plaza”.
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