Ideas

Parquímetros sí o no

Así como están, no. En términos generales, sí. Los parquímetros funcionan bien para regular la vía pública: son eficientes, son baratos y está demostrada su acción en la disminución de vehículos-estorbo en la vía pública. Ojo: dejar ocho horas un auto en la calle, utilizando seis metros cuadrados de espacio destinado a circular no es ningún derecho.

Esta semana, los opositores a los parquímetros se anotaron un punto en la zona metropolitana de Guadalajara: el Tribunal Administrativo declaró, con mucha razón, que son ilegales las multas que impone la empresa Metro Meters. De ahí parece concluirse que los parquímetros no deben funcionar, pero esa es una conclusión apresurada. Así como están, no deben seguir operando, pero los parquímetros son, hoy por hoy, una buena política urbana.

Nuestro país tiene por lo menos 60 años de retraso en esta discusión sobre el uso de la vía pública. Lo que los vecinos gritan aquí hoy ya lo gritaron en los años 40 muchos ciudadanos de otros países; lo que los impulsores afirman en el Ayuntamiento de Guadalajara ya lo decían las autoridades municipales de Estados Unidos en los 30; los amparos que se han perdido ante la justicia mexicana son precedentes jurídicos en la Suprema Corte norteamericana desde hace cinco décadas.

En la literatura sobre políticas públicas, urbanismo y movilidad hay pocos argumentos contra los parquímetros. Sin embargo, los ciudadanos tienen montones. Los más atendibles son tres:

Primero, las inciertas facultades legales para instalar parquímetros. ¿Quién regula el espacio público y quién la vialidad? ¿A quién le corresponde concesionar o administrar los parquímetros? Si Guadalajara no tuviera un problema de saturación vial, los vecinos podrían reclamar que se hizo como una política pública recaudatoria, pero perderían en tribunales. El municipio tiene facultades para ordenar la calle pero también para recaudar o para inhibir conductas a través del costo. Además, lo puede hacer a través del concesionario.

Segundo, la aparente restricción al libre uso de la vialidad. Este argumento es interesante. La gente no quiere pagar por usar la calle, que es de todos. Pero esta idea surge de una confusión de derechos: el derecho a circular libremente por las calles no implica el libre derecho a estacionar en las calles. Y la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha dicho ya que el derecho a la libre circulación es de las personas, no de los autos.

El tercero y más importante es la desconfianza por la forma de implementar los parquímetros. Aquí es en donde los opositores en general tienen razón. Si los recursos no se usan para fines relacionados con el espacio público, si el costo no es razonable, si las zonas balizadas no tienen relación con tráfico, si no existe transparencia, si alguien está lucrando con la medida y para colmo algún tonto concedió las multas a una empresa privada, entonces ya hay causa para oponerse. En esas condiciones, ningún ciudadano con dos dedos de frente puede estar a favor de los parquímetros.

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