Ideas

¡Pamplona está a la vista!

Por: Xavier Toscano G. De Quevedo

Hoy inicia el mes de julio, y con su arribo se pone en marcha el segundo semestre de 2015, con los meses que ya forman parte de la historia se fueron ferias importantes como la de Castellón de La Plana, Las Fallas de Valencia, Sevilla, y la más importante, de grande trascendencia que es San Isidro. Ahora le toca su turno a la ciudad de Pamplona y su tradicional y renombrada feria de San Fermín.

>

Habría que destacar que el alcance de una fiesta popular siempre ha ido en analogía a la personalidad de un pueblo, su gente y su historia. Es por ello que en los primeros días del mes de julio y por varios siglos, en la ciudad Navarra de Pamplona, se vive con interés e inigualable emoción todas las galas que se organizan en torno a su santo patrono San Fermín. >

Lo que iniciara siglos atrás como una festividad muy exclusiva de los pamploneses, a través de los años se fue popularizando a otras entidades, que poco a poco fue acaparando la atención de aficionados de todos los rincones de España, y a partir de la mitad del siglo anterior se van aglutinando cada año visitantes de todos los rincones del planeta, que acuden a las calles de Pamplona para ser partícipes de unas fiestas que cautivaron grandemente al célebre escritor Hemingway, que se encargó de dar a conocer al mundo entero lo que en ellas se vivía, pero que probablemente, y no precisamente para su bienesta—que es lo que le da vida y fundamento— convirtiendo el turismo vulgar, callejero, impertinente y fastidioso las calles de Pamplona en un caos de alcohol y desenfreno, como si se tratara de algún grotesco y prosaico carnaval lúbrico.

¡Pero, volvamos a lo trascendente! Los pamploneses son un pueblo entregado con entusiasmo a una tradición enraizada como ninguna otra entre sus costumbres, y que hoy se llaman “los Sanfermines”, mismos que dan forma al más apasionado estallido de alegría de un pueblo y al culto que siempre han rendido a su majestad el toro bravo, que se convierte en el eje central de estas celebraciones que nacieron con las festividades en honor del patrono de los navarros, San Fermín de Amiens. Este gran santo que nació en la ciudad de “Pompaelo” —hoy Pamplona— probablemente en el año 272 de nuestra era, era hijo de un senador romano de nombre Firmo, importante oficial de la administración romana en el siglo III. >

El joven Fermín se convierte al cristianismo y es bautizado junto con sus padres, que ven cómo su hijo a la edad de 18 años era ordenado sacerdote, trasladándose a Francia a la ciudad de Amiens, en donde es nombrado obispo con tan sólo 24 años de edad. Fue un gran predicador y evangelizador de su tiempo, pero desafortunadamente es aprehendido por las autoridades que se oponían a la divulgación de la doctrina cristiana, que finalmente ordenan sea decapitado y muere en el martirio el 25 de septiembre del año 303. Es hasta 1186 —nueve siglos después— que el obispo Pedro de París traslada de la ciudad de Amiens a Pamplona unas reliquias de San Fermín, convirtiéndose a través de los años en el patrono de Navarra junto con San Francisco Xavier.

Al paso del tiempo, las fiestas patronales que se celebraban en septiembre se trasladaron finalmente al mes de julio, y las solemnidades religiosas en honor a San Fermín se amalgamaron con las celebraciones lúdicas de su majestad el toro bravo, dando paso así a los mundialmente famosos “Sanfermines”. Todo inicia al pregón del alcalde en la plaza del Ayuntamiento, en donde miles de personas de todo el orbe, vestidos de blanco y con el tradicional pañuelo rojo —simbolizando al paño de San Fermín— escucharán emocionados y con nerviosismo: “Pamploneses y Pamplonesas, que Viva San Fermín” y acto seguido, con el “chupinazo”, arranca la feria que acapara la atención de propios y extraños, de aficionados a la más bella de todas las fiestas, y hoy en día de muchos turistas, visitantes y entrometidos que ni remotamente tiene una idea de lo que es un toro bravo, y que lo único que han provocado con sus impertinencias es ir alterando y deformando en las últimas décadas el legítimo y verdadero significado de esta maravillosa fiesta. >

Todos estaremos de acuerdo que los encierros en Pamplona son de una emoción que a muchos les pondrán los pelos de punta, y seguro estoy que no existe otra actividad de tanto peligro que se le pueda comparar por su indiscutible derroche de valor, destreza y fortaleza que son fundamentos indispensables para sobreponerse a tan alto riesgo. Sin embargo, lo que deberíamos cuestionar y nunca olvidarnos, es el hecho de que los encierros son simplemente el preámbulo de lo que será el evento más importante y básico del día, que son las corridas de toros, pero que lamentablemente vienen perdiendo relevancia entre algunos pamploneses y visitantes, por las barrabasadas e idioteces de algunos parlanchines que cínicamente tergiversan y falsean con sus comentarios la verdadera  trama y esencia de estas fiestas, menospreciando al espectáculo taurino y pretendiendo con sus necias alocuciones inducir a la desaparición de las corridas de toros, argumentando que estas fiestas solamente deberán llevarse a cabo con los encierros por la mañana, y después arengando a los pamploneses y visitantes a continuar el día pensando únicamente en beber, comer, reír y divertirse licenciosamente.

Esto sí es tergiversar con dolo e intentar confundir a todos los que acuden a Pamplona atraídos por la magia y grandeza que envuelve la festividad de San Fermín, sus encierros y las corridas de toros, en donde el centro del  espectáculo es del Toro, es él la figura y eje central de ésta emblemática manifestación de arte, cultura y nobleza.

Sigue navegando