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Otra vez el desprecio a los pueblos indígenas

Aunque en el discurso hablan de la nación pluriétnica que somos y se alaba esta diversidad y riqueza cultural, en lo cotidiano el Estado mexicano y la clase profesional que lo dirige trata de modo paternalista y con desprecio a los pueblos originarios. La muestra más contundente de ello fue el rechazo del Estado mexicano a cumplir su palabra y firmar los Acuerdos de San Andrés que habían sido pactados con representantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y más de 60 pueblos originarios que participaron en la histórica consulta de 1996 y que supuestamente se firmarían en 2001. No ocurrió así por la traición de la clase política a las naciones indígenas del país.

Este colonialismo y desprecio volvió a manifestarse aquí en Jalisco la semana pasada cuando en el Congreso del Estado una mayoría de legisladores de los partidos Acción Nacional (PAN) y Revolucionario Institucional (PRI) decidieron no votar a favor de una reforma al artículo 4º de la Constitución local para considerar a los pueblos originarios como sujetos de derecho público y no mantener la legislación que los considera tutelados por el Estado.

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La promotora de la iniciativa, la diputada local del partido Movimiento Ciudadano, Fela Pelayo, recriminó la cobardía de los diputados locales que negaron a los pueblos indígenas que habitan el territorio de Jalisco al menos esta tímida reforma que podría ser una herramienta jurídica para su defensa. Ni siquiera eso concedieron la mayoría de los legisladores jaliscienses. >

Justo por estas actitudes reiteradas de desprecio y racismo con la que la clase política trata a los pueblos indígenas, en estas comunidades ha ido creciendo de manera justificada un rechazo tanto a los gobiernos de todos los niveles, así como a los partidos de todos los colores.

Ese rechazo a la traición de la clase política reafirmó la determinación de las comunidades zapatistas en Chiapas de nunca más negociar y tratar nada con los gobiernos y los partidos y caminar hacia su autonomía en todos los sentidos, no sólo política. Los zapatistas han dado claros ejemplos de que es posible vivir sin el Estado, y mejor aún que comunidades gobernadas por los partidos y a la espera de los programas sociales. Lo mismo ocurre en otros territorios del país, como con los rarámuris, los purépechas de Cherán o los nahuas de Ostula, ambos en Michoacán. >

En varias comunidades indígenas de Jalisco se comparte el mismo rechazo a la clase gobernante y un afán por construir su autonomía, no por moda ni imitación sino porque es la mejor manera de defender su territorio, sus recursos, sus centros ceremoniales y, en definitiva, su vida.

Lo acaba de decir el pueblo wixaritari en la reunión del pasado 28 y 29 de enero, cuando el Consejo Regional Wixárika emitió un pronunciamiento donde establecen como prioridad: “Caminar de manera propia y autónoma en la batalla, con nuestros propios medios y armas, siendo nosotros la punta de lanza de la flecha”. En efecto, los pueblos indígenas son en este momento la punta de lanza de la flecha que lucha contra la dominación en este país. >

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