Ideas
Once de septiembre, la imagen y las palabras
La historia se ha escrito por lo menos dos veces en un 11 de septiembre. En 1973 en Chile, cuando un golpe de Estado derrocó al presidente Salvador Allende, y en 2001, cuando un ataque terrorista derribó las Torres Gemelas en Nueva York, en un desafiante acto al hegemónico poder norteamericano.
Hace 10 años, millones de televidentes “vimos” estrellarse al segundo avión. El fuego y las torres acompañaban nuestro asombro al verlas desplomarse. Incrédulos y sorprendidos, “presenciamos” cómo el símbolo arquitectónico de una ciudad, que es a la vez símbolo de un país, que es símbolo de poder y control global, se desvanecía de repente. La imagen se convirtió en algo tan importante como el suceso mismo; en la memoria colectiva, la imagen es el acontecimiento. Se resignificó el valor del paisaje urbano, así como de los referentes arquitectónicos de la ciudad. Hubo quienes promovían volver a construir las torres tal como eran, tratando de borrar esa imagen y entonces, evitar esa historia. La trasmisión de ese momento constituyó el fenómeno/imagen más determinante del inicio del siglo XXI. Sus repercusiones aún se analizan y se sufren. Aunque hay imágenes que muestran el bombardeo a La Moneda (el palacio de gobierno chileno) el 11 de septiembre de 1973, es la trasmisión de radio en vivo la que permitió inmortalizar las profundas y certeras palabras de Salvador Allende antes de morir. Frases como: “No se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos”. O aquella que antecedía a sus últimas palabras: “Mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”. Quedaron grabadas para siempre no sólo en Chile, sino en Latinoamérica y muchas naciones del mundo, como bandera de lucha en un proceso menos inmediato. Hace 10 años, el sonido de la trasmisión televisiva de los atentados generó el silencio de los televidentes que esperaban información. Con tres mil muertos apenas comenzaba el miedo ante la vulnerabilidad. Hace 38 años, el silencio en la trasmisión radiofónica anunciaba la muerte del presidente, el silencio de los radioescuchas era el inicio de una dictadura y un éxodo que dejó más de 40 mil muertos. En 2011, el gobierno norteamericano dio a conocer la muerte de Bin Laden, líder de los atentados. Este mismo año, las protestas en muchas ciudades han recuperado a través de las redes sociales el espacio público, y han sido las palabras y las ideas las que se han convertido en lugar común para derrocar gobiernos o exigir derechos. Frente a la abundancia de formas sin substancia, la “era de la imagen” donde “la hiperrealidad provoca que el signo se haga más real que la realidad misma” (Braudillard), necesitamos recuperar los ideales y los sueños, como los que inspiran a muchos ciudadanos hartos de la violencia, de la inseguridad, de las mentiras y de los gobiernos ineficientes, ciudadanos dispuestos a construir una ciudad mejor, para evitar miedo, éxodo y muertes.