Nosotros los nobles
Oportuno momento para invitar a la sociedad a reflexionar sobre el delicado tema de aprender a trabajar o, en su caso, de enseñar a los hijos a ganarse el dinero y no a sólo gastarlo.
Esta película ha motivado a muchas personas a recomendarla y sobre todo a un análisis más a fondo de lo lamentable que resulta educar en el dispendio, el clasismo y la improductividad.
Es una parodia y radiografía de muchas familias acomodadas que viven con exceso y rodeadas de personal a su servicio, desde nanas, guardaespaldas y jardineros, hasta lambiscones y oportunistas.
Tener mucho dinero y vivir con lujos no es garantía de que los hijos estén bien educados. Es más, existe la tendencia a que se rodeen de soñadores, fantasiosos y gente superficial y fiestera llena de vicios.
El padre, al darse cuenta de la realidad dispendiosa y desordenada de sus hijos, decide montar un teatro de embargo y pérdida de su riqueza para obligar a sus hijos a que tengan que trabajar y vivir en una casa abandonada en un barrio popular.
Si bien logra que sus hijos aprendan a ganarse la vida y valoren lo que tienen, adquiriendo más sencillez y humildad al aceptar gente de bajo nivel social, y aprenderlos a querer y respetar. Nos trasmite que se logra a base de engaños y simulaciones, lo cual también es parte de una falsa cultura de muchas familias de clase alta. La honestidad y la rectitud no son precisamente valores bien cultivados.
Mientras sus hijos trabajan arduamente, engañados por el padre, él se quedaba en casa disfrutando de comilonas con langosta, servida por sus empleados.
Una sociedad de teatralidades, engaños, chantajes, apariencias y corrupción del poder rodea a las familias “nobles” y aleja a los hijos de los verdaderos valores que tienen que aprender, como son el trabajo, el respeto y la honestidad, en un ambiente que promueve muchas cosas contrarias.
Finalmente hay que afrontar la verdad y decirles a los hijos que todo fue simulado, con tal de convertirlos en gente provechosa. Sustentando que el fin justifica los medios. Pero que al fin y al cabo hay que revelar lo que se ha hecho y asumir las consecuencias
Nos llamó la atención, entre otras muchas cosas interesantes de la película, el que se mostrara, con descaro, que en el restaurante se le escupiera a los platillos de la gente que se mostraba inconforme y quejosa. ¿Será habitual esta práctica entre los meseros y la cocina? De ser cierto, hay que poner atención a semejante atropello a la higiene. Todo parece ser parte del desnudar muchas de nuestras ocultas formas de ser, muy a la mexicana.
Lo importante es que ya el cine mexicano muestra interés en tocar puntos delicados de nuestra moral, particularmente de la educación a los hijos y del deplorable modelo en el que viven muchas familias acomodadas.
Hay que tomarlas en cuenta y enseñar a trabajar y a valorar lo que se tiene.