Ideas

¿Nos autodevaluamos?

Parece que tenemos una inclinación a sentirnos menos que otras razas y países. A lo que han dado en llamarle un “complejo de inferioridad” Samuel Ramos, le llama “Autodenigración” una sobrevaloración de la cultura europea y un desdén por la herencia sincrética de lo que nosotros poseemos “No se puede negar que el interés por la cultura extranjera ha tenido para muchos mexicanos el sentido de una fuga espiritual de su propia tierra” Parece decirnos que andamos buscando allá, lo que aquí tenemos. Una mirada puesta en lo extranjero, sin atender con esmero lo que nuestra historia nos ofrece. “La cultura, en este caso, es un claustro en el que se refugian los hombres que desprecian la realidad patria para ignorarla”. Una severa sentencia acusatoria a los que estudian, con particular entusiasmo, a la cultura mediterránea, y se ufanan de sus conocimientos del griego y el latín, y echan por la borda, con cierto desprecio, los ricos conocimientos del mundo Olmeca, Maya o Náhuatl. Estos no son parte del caudal de conocimientos de un erudito, lo autóctono es sólo cuestión de historia y como parte del museo de Antropología. Y agrega Ramos: “De esta actitud mental equivocada se originó ya hace más de un siglo la “autodenigración” mexicana, cuyos efectos en la orientación de nuestra historia han sido grave” Claro que nos preguntamos ¿cuáles han sido esos efectos? y creo que de ello resulta una constante exaltación de lo que acontece intelectual, científica y culturalmente en otros países. Llegando a darle una mayor importancia a lo externo y poca a lo interno. Eso explica, en parte, esa constante tentación de imitar, importar e idealizar lo que sucede en Europa, Estados Unidos o Asia, como un modelo y ejemplo a seguir. Pero desdeñar o devaluar lo que acontece o emerge de nuestra propia gente e historia. Es fuerte la palabra “autodenigrarse” pero es un hecho que lo hacemos, al dejar que durante varios siglos, predomine el pensamiento filosófico mediterráneo, en nuestra visión del mundo y prácticamente no conozcamos ni practiquemos el pensamiento ancestral de nuestros antepasados. Que, sabemos, llegaron, a su manera, a muy elevados niveles de cultura científica. Aclara Ramos, citando a Carlos Pereyra en su Historia de América, que los pueblos hispanoamericanos hemos sufrido la consecuencia de la tesis autodenigratoria sostenida constantemente durante un siglo, hasta formar el arraigado sentimiento de inferioridad étnica que una reacción puede convertir en exceso de vanagloria. Es decir, que está el riesgo de hacer lo contrario y exaltar una férreo nacionalismo anti europeo o americano. Digamos que se trata de una especie de rechazo a quienes se consideran los culpables por hacernos sentir menos. Los mexicanos o los señalamos como causa de nuestra sensación de inferioridad o al imitarlos y asimilar su cultura, fácilmente nos podemos sentir, equivocadamente, superiores a los demás. Como sucede a los que estudian en universidades de prestigio en Estados Unidos o Europa, que vuelven a México, sintiendo que están más allá del bien y del mal. Hasta con tintes de vanagloria y presunción.
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