Mano negra no se raja
El tumba burros define el término como aquel que es “firme, porfiado y pertinaz en un propósito”, desde que yo me acuerdo padres y maestros nos enseñaban que la tenacidad era una virtud a procurar, desde luego que sé perfectamente que usted estará pensando que ese tipo de recuerdos debía escribirse en algún tratado de arqueología y no ser aplicado en una charla dominical como es ésta, si, debo decir que me sorprendió muchísimo que al buscar la palabra en el diccionario me encontré con puras definiciones de fenómenos de física como cualidad de resistencia de materiales y me hizo recordar que en aquellos tiempos pretendían enseñarnos a hablar como españoles, dudo que me crean pero el estudio de los verbos se incluía el vos y el vosotros sin que yo recuerde jamás a nadie al que se le hubiera dicho algo parecido a vosotros estáis o vosotros sois, pero al estudiarlos siempre los conjugábamos y eso me lleva a pensar las diferencias idiomáticas que tenemos con los españoles, creo que fue Shaw el que dijo que los gringos y los ingleses estaban separados por un lenguaje común y creo que nos pasa lo mismo al grado que podríamos tener una conversación con alguno de ellos sin entendernos para nada.
Pero debe considerarse para que yo pueda entender cuál es la diferencia entre la gente tenaz y la gente que es simplemente terca o a lo mejor estaría decir que alguien es necio, ¿consideraríamos eso una virtud como le pasó a aquel niño en la escuela?
Gran sorpresa se dio cuando los niños de una escuela entraron al salón de clase y encontraron que en el pizarrón encontraron perfectamente escrita una mentada de madre, con todas sus letras dedicada a la maestra.
La profesora, consciente de su obligación de llevar a sus pupilos por el buen camino para que no fueran “ordinarios” que así se llamaba a los niños que decían groserías decidió hablarles de la gravedad de quien había escrito esa peladez e inició su perorata: Que vergüenza tendrá la familia del niño que escribió una cosa tan fea como esta, de seguro que por vulgar se le va a poner la mano negra. Los niños escuchaban azorados las amenazas de la docente, algunos incluso se revisaron si no se oscurecía la mano.
Pero como buena pedagoga decidió dar a los infantes – en especial al grosero infractor- y le dio la posibilidad de reparar su error y propuso a los niños cerrar los ojos para que el culpable pasara al frente y borrara el infamante letrero.
Los niños aceptaron la sugerencia y disciplinadamente cerraron los ojos esperaron que se borrara el letrero, lo hicieron durante algunos minutos; cuando la maestra consideró que ya estaría borrado el insulto miró al pizarrón y el letrero seguía ahí, pero además había otro nuevo letrero que decía: Mano negra no se raja, que la maestra vaya a chiflar a su máuser.