Lucy
La mercadotecnia ha impuesto sus directrices en el cine europeo. Una muestra más es esta película donde se establecen elementos convincentes para el público internacional: Taipei, Nueva York y París son escenarios para el desarrollo de la ciencia ficción en el plano delincuencial.
Scarlett Johansson protagoniza a Lucy, la atractiva dama con la cualidad extraordinaria de experimentar un fármaco singular para el torrente sanguíneo, con el cual obtiene características sicogenéticas. El personaje, por demás está decirlo, es complicado por su versatilidad y gana el reconocimiento de la crítica con su correspondiente respuesta en la taquilla.
Por su parte, Freeman revalida su calidad actoral, apoyada en el reparto con Amr Waked y Choin Min-sic, quienes participan en el drama violento y criminal con el singular acento de la ficción y los efectos visuales.
Lucy combina y emplea sus poderes mentales, como la telepatía y fuerza física, para liberar su organismo y en seguida contribuir a la recuperación de aquel fármaco convertido en amenaza para Europa. En la transición es objeto de tenaces persecuciones simultáneas de la delincuencia y de la policía; adicionales a que dicta su conciencia por las potenciales consecuencias, que a ella la conduele el riesgo inminente de operar distorsiones de percepción en los sentidos del humano.
La fantasía científica realizada, por la cinematográfica, conduce a Lucy a un estado mental donde el tiempo cobra otra dimensión dejando en suspenso la actualidad y donde el pasado cobra vigencia en el extraordinario cuento para asombro de los espectadores, en cuanto puede guardar el conocimiento y dominio de la ciencia y la tecnología.
El cuestionamiento queda en ánimo del espectador: Si la vida nos fue dada hace millones de años, queda la tarea de qué hacer con ella y si el desarrollo de la ciencia nos conduce al bien o a la destrucción.
Dios nos guarde de la discordia.