Los poemas de Lesbia, una joya de Rubén Bonifaz Nuño
En marzo de 1982, Tito Monterroso había conseguido que Rubén Bonifaz Nuño (1923-2013) nos entregara para publicar su versión de Los poemas a Lesbia de Catulo. Este librito sería el parteaguas en la editorial, compuesto por una selección de los poemas de Catulo dedicados a la romana Clodia —la ‘Lesbia’ de sus poemas—, desde que la conoció hasta que no pudo más con sus amores para seguirle el pulso a esta pareja tan dispareja.
“El librito recoge las mejores muestras que de esos talentos suyos se conservan: son los poemas que le inspiró su pasión por Lesbia, definidos por su intachable perfección expresiva y por su desvergonzada profundidad emocional’ —como aclara en la introducción—.
Por cierto, Catulo es el poeta que escogió Carl Off (1895-1982) para componer en 1943 sus famosas cantatas escénicas en latín Catulli Carmina que son tan populares y tan cachondas.
Pero, con este librito la editorial tomó una altura inesperada y todavía creo que es la joya de la corona entre los títulos que alcance a publicar. Pero, como otras cosas en esta vida, entre el nervio y la emoción, el mero día de su presentación, con bombo y platillo, nos dimos cuenta que había una errata en la portada: donde dice “Bonifas” (con ‘s’), debería decir “Bonifaz” (con ‘z’). Esa fue la mosca en la sopa y el poeta mostró su tolerancia, a pesar de ser un dios del Olimpo. La errata se corrigió, pero la pena de no haberla corregido antes, todavía es uno de esos fantasmas que se nos aparece por momentos.
“Según muy atendibles inicios —escribió Bonifaz Nuño— este nombre (Lesbia) oculta el de Clodia, mujer de la más alta nobleza romana, de la familia de los Claudios. Hija de Apio Claudio Púlquer, esposa de Quinto Metelo Céler, quien habría de ser cónsul en el año 59 a.C., y quien, según entonces se dijo, fue envenenado por ella; (Clodia era) hermana y amante del demagogo Clodio, de quien dependió en algunos momentos la suerte de la república; cortejada por multitud de hombres, (fue) objeto de deseo para muchos, incluso para el mismo Cicerón.”
¡Qué personaje! Una romana de la que Catulo se enamora sin ser correspondido —el amor perfecto—, y por eso, como Petrarca dedicó sus sonetos a su Laura, escribe sus cármenes y empieza diciendo:
“Que aquél es igual a un dios, me parece;
que aquél, si es posible, vence a los dioses,
el que con frecuencia ante ti sentándose
te mira y te oye…”
“A pesar de todo eso… él tendrá que pagar después, y ya para siempre, con el precio de la humillación desesperada, de la más perfecta desgracia. Pero ahora el amante es correspondido.”
“Me preguntas que cuántos besos tuyos
serán, Lesbia, bastante y de sobra…”
Y así va por el camino de la pasión mientras los celos y el desprecio hacen de las suyas sin hacer caso lo que ya era dominio público en Roma:
“Vivamos, Lesbia mía, y amemos,
y el rumor de los viejos más severos
estimémoslo todo en un centavo”.
¡Ah!, pero escribió ese inolvidable por esas dualidades que tantas veces sentimos sin saber qué hacer:
“Odio y amo. Por qué lo haga, acaso preguntas.
No lo sé; pero siento que lo hago, y me atormento”.
Siempre agradecido con Bonifaz Nuño por haberse arriesgado a entregarnos esa joya que me puso en contacto con los poetas del Olimpo. ¡Que descanse en paz!