Los peores nombres de ciudades
Los peores nombres de ciudades
Hace tiempo conocí a una persona cuya familia era de Ayotlán, cosa que de sí no tiene nada de relevante. Y fue solamente con el tiempo que se fue revelando que el famoso Ayotlán había tenido otro nombre, un nombre menos prehispánico y más dado a la leperada: se llamaba Ayo el Chico.
Ciertamente si uno se pone estricto con la ortografía no habría nada de vulgar, pero sucede que los oriundos de este lugar llegaron a tener muchos problemas pues, cuando fuera que estuvieran llenado trámites fuera de esa localidad, el funcionario en cuestión creía que dicha persona andaba de mamuca y se lo estaban albureando. Así, estableciéndose en la exposición de motivos relativa, se asentó jurídicamente la conveniencia de cambiarle de nombre de “Ayo el Chico” a “Ayotlán” pues se prestaba mucho al albur y a la corrientada.
Es por ello que el día de hoy nos hemos dado a investigar cuáles son las ciudades del mundo que tienen peor nombre, una carga por la cual sus nativos tendrán que adoptar gentilicios que, en muchas ocasiones, pueden darse de mal gusto.
(i) Hooker, Estados Unidos. De traducción ramera al español, esta población de Oklahoma lleva intrínsecamente un vestigio profesionista innegable. Así como Matamoros debe su nombre a alguien que seguramente no estaba tan metido en aquel rollo de la tolerancia interreligiosa, no nos queda duda que la gente en Hooker tenía un talento destacado para el negocio más antiguo del mundo.
Extrañamente no tiene el turismo que debiera.
(ii) Bastardo, Italia. Uno no sabe a ciencia cierta quién o por qué es que alguien decide bautizar a una ciudad. Lo que si podemos saber es que quien sea que haya escogido este nombre para su ciudad tenía que encontrarse en los siguientes escenarios: (a) una peda de paletero; (b) no vivía ahí y tenía enemigos; o (c) no entendía el significado de la palabra.
Así, por más que traten de atenuarse el gentilicio, los nativos de Bastardo sabrán que indudablemente serán parientes de la gente de Oklahoma.
(iii) La Chingada, Chiapas. Recordando tiempos electorales nos viene a la mente el rancho al cual el señor AMLO nos avisó que se iría en caso de perder. Sin que se haya ido, pues nadie realmente esperaba que lo hiciera después de aportar pruebas de peso como los chivos y gallinas que dejaron el cochinero en su casa de campaña, es un hecho innegable que “La Chingada” sigue siendo el lugar por excelencia a donde quisiéramos mandar a la mayor parte de los políticos y demás gente indeseable.
(iv) Anus, Francia. Un lugar por demás maloliente, Anus ha decidido mantener su nombre a pesar de los pesares, pues con la clásica actitud francesa han dicho que si a la gente no le gusta el aroma – tal como sucede en el metro de París – que se vayan a otro lado. La gente duda que esta sea la principal razón y más bien apuntan a la cercanía de un poblado de nombre Condom en las cercanías.
(v) Bitchfield (campo de perras), Reino Unido. Cuando nombraron Villahermosa a la capital del estado de Tabasco seguro tenían en mente lo bonito que les iba a quedar, sin embargo, uno necesita estar de plano en la capital de las perras para que sea públicamente aceptable el llamar a un lugar “Campo de perras” y que el resto de las personas sepa exactamente a qué lugar se refiere.
(vi) Guarromán, España. No, no se trata de un superhéroe del tipo de Alfonso Zayas o de César Bono cuyos súper poderes incluyen bailar al ritmo de cumbias y sabrosearse morras entangadas en las sexicomedias de los ochentas (que Galavisión tiene a bien difundir los domingos en la noche). Guarromán, España es un pueblo andaluz cuya única gracia es tener menos de tres mil habitantes.