Los Estados Unidos y el carácter pragmático de su política
No resulta exagerado que la casi totalidad de la opinión pública a nivel mundial, estuvo al pendiente de todos y cada uno de los detalles de la pasada elección presidencial efectuada en Estados Unidos, en donde en forma por demás emocionante, Barack Obama al fin de cuentas, logró resultar vencedor de esta justa política venciendo a su contrincante, Mitt Romney, avezado político republicano próspero y acaudalado empresario, quien a regañadientes tuvo que aceptar públicamente su derrota, que al decir de los críticos es una autentica demostración de democracia que el sistema político de su país ha logrado establecer a lo largo de casi dos centurias de la existencia de una nación que por las muchas posibilidades que ofrecen en su vasto territorio, se ha ido conformando básicamente con grandes corrientes migratorias, primero de Europa, y en el curso de los últimos tiempos, con inmigrantes de varios países de América Latina y al decir de los expertos ya forman una minoría que hace sentir si presencia en muchas regiones de ese país y de un variado abanico de actividades que alcanza hasta los círculos universitarios y los altos estratos de la política.
Los Estados Unidos, el país más poderoso de la Tierra, hasta mediados del sigo XIX su desarrollo estuvo muy vinculado con la expansión territorial por distintas razones el pueblo norteamericano apoyó en forma mayoritaria a dicho proceso, y que en el fondo tuvo repercusiones políticas de gran importancia.
De esta forma, la incorporación de espacio se asoció con las condiciones materiales que permitían el progreso económico y la consolidación de la unión, la república y sus instituciones. El espacio ofrecería amplias posibilidades para afianzar a la república estadounidense en el futuro, pero además los amplios territorios así integrados ofrecerían enormes posibilidades para desarrollar un gran paradigma económico, basado en el llamado “sistema capitalista”.
Pero además, desde ya, esos vastos territorios fueron foco de la atención para ser poblados y explotados, por millares de integrantes de la “fuerza de trabajo” desocupada en varias partes de Europa, debido a la crisis que padecía el viejo continente, por lo que no se hizo esperar, a lo largo de buena parte del siglo XIX de una sustanciosa corriente migratoria de obreros y trabajadores calificados cuya participación en el proceso productivo fue determinante para la América sajona.
Pero además, como el sistema vigente propicia la movilidad de la mano de obra, muchos de esos modestos trabajadores pudieron enriquecerse en poco tiempo, y de ahí, y debido a otras condiciones, surgió la leyenda del “american way of life”. Poco después, la inmigración fue restringida.
Todo este proceso dio a esa nación una fisonomía clara y precisa de que es un país formado principalmente por inmigrantes, de todas las regiones del mundo, -negros, asiáticos, europeos, y ahora de América Latina-, llamados en un tiempo “chicanos”, “espaldas mojadas”, y ahora “ilegales”, porque la corriente migratoria actual, debido a las restricciones impuestas en Estados Unidos, no tienen otra alternativa para ir en busca del “sueño americano” (American Dream).
De tal modo que sumados todos los llamados latinos o hispanos, de continuar esa tendencia migratoria, mas los nacidos en territorio estadounidense, forman ya, una mayoría respetable, y que de seguir así esa corriente, es probable que en una fecha no muy lejana, el presidente de Estados Unidos, sea un latino (cubano, mexicano, hondureño, etc.), como ya lo fue un presidente afroamericano, como le dicen eufemísticamente al actual presidente Obama.
Se trata pues de un fenómeno de reversión, cuyo elemento determinante es la constante marea de inmigrantes, casi todos ellos ilegales, por lo que el gran pendiente que tiene el presidente Obama para sacarlo a flote en este segundo periodo, es precisamente regularizar la situación de los legales que ya suman una legión.
La crítica considera que la presencia de Obama por otro cuatrienio en la Casa Blanca, es al menos un compás de espera, el menos peor de los males.