Lógica, esa dama caprichosa
Después del estremecedor nocáut que recibió de los puños del mexicano Juan Manuel Márquez, en Las Vegas en diciembre, que provocó que medios filipinos le diagnosticaran Mal de Parkinson, examen que le hicieron observándolo en entrevistas transmitidas por televisión, Manny Pacquiao, el boxeador al que se le deben dar las gracias porque mantuvo vivo al boxeo, dicen sus publirrelacionistas, reaparece mañana en Macao, China, ante el estadounidense Brandon Ríos, en lo que llaman la última pelea grande de 2013.
Esa dama caprichosa, llamada lógica, le tiene listo el mejor escenario al filipino, un adversario de boxeo burdo, el clásico “tira piedras”, con pegada, quien en lo que menos piensa es en defenderse, una unidad para que el filipino se bañe de espectacularidad en Asia, y regrese para la revancha con Márquez, o el combate con Floyd Mayweather Jr.
Caprichosa, pues, la lógica, en un instante cambia de parecer para echar cubetas de agua helada. Brandon, estará en el ring cobijado por la clásica, mucho que ganar y nada que perder; un locazo, empujado por su dinamita, terminaría con Pacquiao y sus sueños, sería el retiro definitivo. Además, el estadounidense, calará al Pacquiao que regresó a la realidad Márquez, al farsante, quien junto con Bob Arum, construyó un circo, para hacer creer al mundo que era poco más que un superman; la humanidad de Pacquiao, debe haber resentido el golpazo de Juan Manuel, veremos si el porcentaje que le restó a su capacidad, es alto.
La industria del boxeo, Las Vegas en particular, estarán siguiendo el regreso de “Pacman”; su activo en popularidad es altísimo en el globo, es una marca que supera, en este renglón, a las más poderosas: por debajo se leen los nombres de Márquez, “Maravilla”, “Canelo”, JC Jr., lista en la que se incluye a Mayweather, quien se obligó a descolgar los guantes, tras observar la pachanga y los millones de dólares que producía el circo Arum-Pacquiao, dinero que Floyd no registraba en su cuenta bancaria.
Así las cosas, Pacquiao debe ganar, y en 2014, regresar a Las Vegas, para que las apuestas vuelvan a moverse con ansiedad hacia cualquier resultado disparatado. Y por ahí estaré atisbando.