Lo electoral a cambio de lo energético
Siendo la política un arte para la construcción de acuerdos que generen bienes públicos, cuando una fuerza o representación sabe de su indispensabilidad incrementa su capacidad de chantaje al vender caro su apoyo para el logro de un objetivo. Eso es justamente lo que está haciendo el PAN y el PRD al prometer (ojo: prometer, porque no se sabe si vayan a cumplir, sobre todo el PRD) apoyar la reforma energética a cambio de que el PRI primero apruebe lo que ellos proponen como reforma electoral.
La diferencia de los acuerdos entre políticos y entre facinerosos es que en los primeros existe un beneficio colectivo y un interés general, en tanto que en los segundos son beneficios particulares sobre la base de un interés personal.
Dice el adagio popular: “Hay que ser puercos pero no tan trompudos”. No se pueden intercambiar los bienes públicos como si fueran cartitas de un álbum, o como si fueran bienes particulares. ¿Quién les otorgó a Gustavo Madero y a Jesús Zambrano las escrituras de los organismos electorales locales para que, como si fueran bienes de su propiedad, decidan intercambiarlos o extinguirlos? No puede el Presidente de la República sucumbir a semejante chantaje, so riesgo de incurrir en responsabilidades al dejar de tutelar el interés público.
La reforma energética y la electoral no pueden someterse a la lógica del chantaje y consiguiente reparto del botín. Sería desastroso que en la amenaza de esos burdos intercambios políticos se quiera generar también un acuerdo implícito que dijera: “Déjanos a nosotros lo electoral y te cedemos a ti los energéticos para que hagas con ellos lo que quieras”.
En materia energética tanto el Ejecutivo, como el PAN y EL PRD, han presentado sendas iniciativas de reformas constitucionales o legales. En lo electoral, el silencio del Presidente de la República y de su partido ha provocado que parezca que o no tienen propuesta o no les interesa el tema, dejando a las otras dos fuerzas políticas con el monopolio propositivo y la única opción de: “O me cumples mis caprichos y ocurrencias o me los cumples”.
No es extraño que quienes pugnen porque el petróleo siga siendo “de la Nación”, quieren “nacionalizar” también los organismos electorales. Empero, paradójicamente quienes se oponen al monopolio del Estado en los hidrocarburos proponen monopolizar la función electoral en un solo órgano. En el fondo, en la propuesta de desaparecer los organismos electorales locales, subyace la aviesa intención de que el órgano electoral único que surgiría sea convertido en propiedad de los dos principales partidos políticos que lo anhelan.
Se dice que lo claro es lo directo. Sí, pero una cosa es ser claro y otra cosa es ser obsceno. Afortunadamente hasta el momento el Presidente de México y su partido no han dicho: “Si no me avalas la reforma energética no te apoyo en la reforma electoral”. Quienes sí lo han dicho en sentido inverso han sido los presidentes del PAN y del PRD.
Lo mejor para el país sería procesar los dos temas por caminos diferentes.