Las bodas de ayer
Las bodas de ayer
Hubo una temporada en la que me dio por los diarios de reyes y reinas lejanos en el espacio y el tiempo. De todos ellos sobresale entre mis recuerdos Enrique IV el Impotente, rey de Castilla. Me da risa recordar. En aquellas primitivas y breves lecciones de historia, cada rey y reina tenia mote o apodo: Pedro el cruel, Juana la Loca, Alfonso el Sabio, Juana la Beltraneja, la Reina Guapa... Me gustaba el libro de historia de mi hermano porque tenía dibujos y me detuve en el rey Enrique IV el Impotente... ¿impotente? A mis 6 ó 7 años esa palabra me la explicaba yo diciéndome: "No podía ganar las peleas" Pasó el tiempo y otros libros me enseñaron lo que verdaderamente "impotente" es. En la historia de este pobre hombre hay varios partidos. Unos dicen que sí, otros dicen que no y algunos más añaden que surgen momentos en que el impotente no lo es. Perdón pido por lo que ignoro ya que mi labor es solo escribir artículos y cuentos lo mejor informados. Enrique IV el Impotente era un hombre al que le gustaba ir sucio y mal peinado, pero amaba la música y se iba a los bosques segovianos a disfrutar con su laúd. A Enrique IV, siendo príncipe heredero, le casaron con Blanca de Navarra. En aquel tiempo cuando llegaba la noche de bodas se preparaba el lecho real, se preparaban a los novios y se preparaba un notario y un escribiente para dar fe de lo que sucedía en el ejercicio conyugal aquella noche. En el caso de Enrique IV no sucedió nada. La sábana ensangrentada que al día siguiente había que mostrar a la corte, se presentó totalmente blanca y seca, sólo estaba húmeda la almohada de la princesa que toda la noche lloró. En cuanto el príncipe Enrique fue rey suprimió la costumbre incómoda y chismosa del notario y su escribiente) ¡Que se fueran a paseo! ¡Qué incomodidad! Bueno, pues de todo esto surgió el lio de que Isabel la Católica, como era hermana de Enrique IV, quería gobernar, ser reina de Castilla. Enrique dejó pasar el tiempo, no tuvo hijos con la princesa Blanca, anularon su matrimonio y lo casaron con Juana de Portugal y tuvieron una hija a la que bautizaron con el nombre de Juana. El cortesano don Beltrán de la Cueva tenia gran amistad con el rey y la reina, entraba y salía de los aposentos reales con gran libertad. Así empezó la murmuración de que don Beltrán era el padre de la niñita, a la que denominaron Juana la Beltraneja. Y guerra por el poder. Ganó Isabel la Católica, y Juana, aun muy chica, fue encerrada de por vida en un convento de Portugal. No creo que haya habido en la historia del mundo mujer más desgraciada que ella. Siempre la tuve lástima. Por ella escribí mi libro "Las Carabelas Volvieron" en el cual invento que sale del convento, viene a América, ama y es feliz. Justicia tardía y literaria, Pero justicia. Toluca sep. 2011