Ideas

La tentación autoritaria

La tentación del autoritarismo es un recurso que está y estará siempre presente entre los gobernantes. Pasar del uso al abuso de la fuerza es algo tan sutil como cambiar de carril, y para muchos gobernantes es, literalmente, tomar al carril de alta velocidad, la vía rápida de “resolución de conflictos”. En un contexto de inseguridad, de aclamación del uso de la fuerza, de reclamo encendido por la debilidad del Estado, cambiar de carril y criminalizar la protesta lo ven también como la vía rápida al aplauso. El autoritarismo está regresando en México de manera acelerada y creciente. Y no es un tema del Gobierno federal y la lucha contra el narco, que de suyo tiene un componente de abuso de poder, sino de gobiernos estatales que, ante la incapacidad de resolver los problemas por la vía jurídica, recurren a la vía rápida. La corrupción de las instituciones de justicia, aunadas al renacimiento de cacicazgos regionales, han sido el caldo de cultivo ideal para el abuso de poder. Durante muchos años en México existió el delito de sedición social. Con este argumento se procesó y encarceló a todos los enemigos del régimen de partido único y se criminalizó cualquier protesta. Díaz Ordaz fue el exponente máximo de esta forma de represión, desde los médicos y ferrocarrileros que salieron a las calles en demanda de mejores salarios (lo cual, como se comprenderá, era la peor afrenta al Estado patrón) hasta los estudiantes de 1968. En los años noventa y primeros dos mil, básicamente en los sexenios de Zedillo y Fox, hubo un gran cambio en materia de derechos humanos. Con todos los defectos de ambos personajes se avanzó sustancialmente en estos temas, pero nunca se arraigó en los gobiernos estatales. Hoy tenemos ejemplos de criminalización de la disidencia en todos los rincones del país, en gobiernos de todos los colores. Los que hizo el Gobierno de Veracruz de encarcelar a los tuiteros, tratarlos como criminales de guerra (las descripciones de los detenidos son absolutamente macabras) y legislar al vapor delitos de redes sociales, es un regreso de 150 años en la cultura democrática y de libertada de expresión. No hay duda de que en las redes sociales hay muchísima irresponsabilidad, pero no es distinto a lo que pasaba y pasa en las mesas de los cafés, con la única diferencia que ahora se hace a través de estas redes. El café, como el twitter o el facebook, son conversaciones entre particulares que en un Estado democrático no deben ser intervenidas ni reguladas. La defensa de las comunidades indígenas de sus territorios se ha convertido en otra de las formas de criminalización. Lo que ha pasado en San Luis Potosí, con la presión extra legal a los defensores de las comunidades indígenas frente a las empresas mineras, o en la comunidad de Mezcala, Jalisco, con la detención arbitraria y extra legal de líderes, son botones de muestra, muy preocupantes, del creciente autoritarismo que campea por todo el país. De pequeños abusos se alimenta un tiranía. Si dejamos crecer hoy la tentación autoritaria, mañana la sufriremos todos. PD. Tres Patadas deja descansar a sus lectores. Estaremos fuera del aire hasta el 11 de octubre.
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