Ideas
La estética del sátrapa
Dice Álvaro Mutis que los políticos corruptos llevan en sus muchos pecados la penitencia de vivir en casas espantosas, rodeados de muebles y cosas horrorosos y con mujeres pintadas y vestidas como caricaturas. El mal gusto de los tiranos quizá sea un cliché, pero tiene una larga historia y con tantos casos fehacientes que podría ser regla general. En nuestro país, rico en ejemplos señeros, está amplísimamente documentado: todo mundo ha visto desde las fotos de esperpentos como la casa de la Tigresa e incontables exhibiciones de cursilería en las “revistas del corazón” hasta el delirante libro Ricas y famosas de la fotógrafa Daniela Rosell*: son, inevitablemente, retratos morales de los personajes, estén o no presentes en la foto.
Esa pertinaz fidelidad de los políticos y sus extensas familias a lo feo, lo cursi, lo vulgar, lo chabacano, lo obsceno y cualquier otro adjetivo que pueda calificar los adefesios de toda índole a los que son tan aficionados parece remontarse hasta la época del Imperio romano, como escribe el crítico Jonathan Jones en un divertido artículo en The Guardian** a propósito de las joyas del kitsch que han ido saliendo a la luz a medida que los rebeldes en Libia han ido destripando las guaridas del dictador Gadhafi y su distinguidísima tribu. En materia de gustos, se ve que los sátrapas magrebíes no se quedan atrás de los de aquí en su amor por los relojotes, los dorados, los peluches y candiles, los animales disecados o los cuadros espantosos. Lo mismo en cuanto a la desmedida pasión de ellos y ellas por inverosímiles tonos capilares, maquillajes de escuela zulú y cirugías plásticas a la Frankenstein, tal como lo documentan en Vanity Fair catorce regocijantes fotografías del tal Gadhafi, con comentarios muy pertinentes.*** Jonathan Jones señala que ya desde hace dos mil años Suetonio criticaba en La vida de los césares la ordinariez de Tiberio, y Tácito, en los Anales, la de Nerón. Desde entonces parece confirmarse una y otra vez que el súbito encumbramiento y el consiguiente atracón de riquezas, generalmente mal habidas, impiden una gradual y sana digestión. El resultado está a la vista. Pero la desventaja añadida es que los aspirantes a sátrapas buscan reproducir tales maravillas en sus personas y posesiones, con lo cual la clientela de los malls y hasta del súper quiere parecerse a los que salen en Gente y sus casas buscan ajustarse a la idea de “casa rica” de los decoradores de Televisa. La cuestión de los gustos podrá parecer secundaria cuando se reflexiona acerca de los grandes problemas de la humanidad, pero nada tiene de frívola o superficial: es simplemente un espejo no tanto de cómo la gente se ve, sino cómo quiere verse. Una mirada más atenta descubrirá en el fondo qué valores y principios rigen una forma de vida. * http://skelemitz.wordpress.com/2007/ 11/12/daniela-rosell-%E2%80%98rich-famous%E2%80%99/ ** www.guardian.co.uk/commentisfree/ 2011/aug/26/saif-al-islam-gaddafi-art *** www.vanityfair.com/politics/features /2009/08/qaddafi-slideshow 200908#slide=1