La cultura en el sexenio de Calderón
El Presidente Felipe Calderón ha levantado una polémica entre la mal llamada comunidad cultural por sus spots en los que asegura que hoy más que nunca se ha apoyado a la cultura. Si precisamos lo anterior, el mensaje no sería polémico. Me refiero a poner en su justa dimensión lo que en realidad hizo en este rubro. Impulsó la cultura como parte del desarrollo humano integral de los mexicanos. Sí, implementó una política orientada más hacia la gente que hacia el subsector cultura o la denominada comunidad cultural. Lo hizo en el marco del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, del Plan Nacional de Desarrollo y del Programa Nacional de Cultura.
Fue una política por lo menos más clara que la pretendida “política cultural para el siglo XXI” que tanto ha cacareado la titular del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes” sin explicar en qué consiste exactamente.
En necesario hacer un balance, no sólo numérico como el que prepara Consuelo Sáizar (El CONACULTA en números), sino también del sentido de acciones como la reapertura, por ejemplo, de “La Tallera” Proyecto Siqueiros, el taller del artista plástico David Alfaro Siqueiros que se encontraba abandonado; de apoyos como el brindado a la reinauguración del Museo Tamayo; el de la formación de bandas musicales infantiles; el de la creación de una Fonoteca Nacional, la remodelación de edificios emblemáticos como el Palacio de Bellas Artes y la Cineteca, así como el de la Ciudad de los Libros en La Ciudadela; la creación de nueve señales digitales más en el Instituto Mexicano de la Radio; la expansión de la señal de Canal 11; la digitalización del Canal 22 y tantos más en diversas regiones del país.
Me quedo con la política presidencial de orientar el desarrollo humano a través de la cultura, porque la idea de su titular de cultura “La política cultural para el siglo XXI”, fue sólo un ardid publicitario. Prueba de ello es que no existe un documento que explique qué es, y más aún, sus ejes han cambiando año con año desde 2009. Y es que la digitalización de la oferta cultural, si bien es una acción importante, no constituye una política en sí. Las inconsistencia de esta digitalización se observan en criterios como los adoptados por la Coordinación Nacional de Innovación y Calidad del propio Consejo, que para efectos de medir la función de los museos, considera como visitantes sólo aquellos que pagan boleto, y no a los usuarios atendidos a través del sitio web de los museos o de las redes sociales. O bien, organiza foros internacionales como el del libro electrónico, o ese sobre museos titulado ¿Qué hace posible al museo? Cuyas conclusiones, además de miopes, no reflejan la verdadera necesidad de estos ámbitos de cara al siglo XXI. Hubiera sido mejor impulsar un programa de política digital para la cultura.
Por ello, la decisión del Presidente de impulsar la cultura como parte del desarrollo humano, tuvo más sentido. Unió la cultura a la recreación, al esparcimiento y al deporte, recuperó espacios públicos y la enmarcó en la política de la Organización de las Naciones Unidas, que busca comenzar a medir el desarrollo a partir del desarrollo humano integral.